¿Qué no es el Mindfulness?

El mindfulness no es una terapia. No ha de confundirse con terapias psicológicas, aunque puede usarse como complemento, en el caso de las terapias cognitivas basadas en mindfulness (MBCT). Siempre que se use como complemento a ciertas terapias, es convenientes que dichas terapias tengan su respaldo clínico basado en evidencias científicas, tal como ocurre en la MBCT. En caso alguno ha de considerarse un sustituto de intervenciones terapéuticas.

El mindfulness no una técnica de relajación. Si bien muchos la confunden como tal, o experimentan un estado de relajación al final de los ejercicios, hemos de aclarar que el mindfulness no actúa directamente con fines de relajación. Simplemente trata de estabilizar la atención y entrenar el mantenimiento del foco.

El mindfulness no es poner la mente en blanco. Con el mindfulness se entrena la mente a mantenerse en un punto neutro de atención desde donde iniciar la práctica y adónde volver en caso de observar la llegada de pensamientos “intrusivos”. Esto no tiene que ver con “no pensar”: poner la mente en blanco es un mito propio de las técnicas de meditación. La cuestión con el mindfulness no está en mantener la mente en blanco, sino en conocer qué es lo que pasa en nuestra mente sin por ello “engancharnos” a ciertos pensamientos. Al contrario de no pensar se trata de reconocer qué pensamientos estamos teniendo y qué emociones nos generan. En definitiva, conocer cómo funciona nuestra mente.

El mindfulness no es una meditación. Si bien se usa la práctica meditativa como herramienta formal de entrenamiento, el mindfulness no ha de confundirse con el simple sentarse a meditar. Ser mindful es más bien una elección de vida: un modo de afrontar lo que nos ocurre desde la asunción de un patrón específico de funcionamiento de nuestra atención y nuestra mente. Este patrón tiene que ver con los criterios de:

  • Presencia (Conciencia en los cinco sentidos)
  • Exclusividad (Dedicación exclusiva al momento y lugar)
  • Curiosidad (Disposición a conocer y descubrir)
  • Apertura (Disposición a recibir información)
  • Amabilidad (Disposición a emplear la amabilidad)
  • Aceptación (Disposición a reconocer lo que sucede sin rechazarlo o prejuzgarlo)
  • Ecuanimidad (Actitud neutra y equilibrio a la hora de realizar valoraciones sobre la experiencia)

 

El mindfulness no es una religión y no es una filosofía.  Si bien suele asociarse al Mindfulness a las Filosofías Orientales, o incluso a ciertas religiones, hemos de aclarar que esta disciplina no ha de confundirse con ellas: es cierto que comparte con ciertas filosofías y religiones unos valores fundamentales, pero su estructuración basada en evidencias científicas la diferencia de cualquier filosofía o religión. En efecto, no es posible hoy en día considerar que por practicar mindfulness una persona comulgue más con una religión u otra, ya que cualquier tipo de práctica religiosa o incluso cualquier tipo de actividad que desempeñe el ser humano (pintura, lectura, danza, pasear, rezar, comer, ducharse, conducir o fregar platos), puede considerarse mindfulness si su práctica se ejecuta acorde con unos criterios determinados de atención y presencia.

El mindfulness no es una práctica espiritual. Desde el modelo MBET desvinculamos el mindfulness de ciertas prácticas y narrativas espirituales y lo centramos exclusivamente en un método de entrenamiento de la atención.

El mindfulness no es una moda oriental. Desde el modelo MBET también hemos desvinculado el mindfulness de ciertas estéticas afines a culturas o filosofías orientales, y hemos normalizado su práctica como una disciplina más. Entendemos que hoy en día se puede prácticar mindfulness en una silla y vestido de manera casual. No hace falta poner velas o quemar inciensos. Del mismo modo se puede practicar mindfulness y comer carne o cualquier otro tipo de alimento.