Tanto Que Sigas Como Que Renuncies, El Dolor Lo Tendrás Igual

27/05/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Coaching, MIndfulness, Principios del Mindfulness | , , , ,

En más de una ocasión puede habernos llegado la duda del si seguir adelante en la persecución de un resultado concreto, o dejarlo y desistir.

La manera en la que afrontamos este “Cruce de Caminos” es fundamental en la vivencia del dolor y del sufrimiento que podamos padecer como consecuencia de una u otra cosa.

Y la verdad, una de las verdades absolutas es que el Dolor existe y es inevitable.

A esto yo añadiría que el conflicto también existe y es inevitable: bien con uno mismo o bien con los demás.

La cuestión es elegir el camino que menos sufrimiento puede causar en nosotros y nuestro alrededor y la mayor felicidad y alegría pueda generar.

DesprendimientoPongamos por ejemplo la persecución de fines y objetivos empresariales y económicos. No cabe duda que puede ser un factor de mucho estrés, incomodidad y malestar, según el tipo de objetivo que se plantee. Esto puede generar tensiones y conflictos no solo en el interior de una empresa, como en el mercado, por tratar de colocar un producto por encima de la competencia o mediante técnicas de comunicación manipulativa o coercitivas, con el fin de cumplir con objetivos.

Lo vimos recientemente en las prácticas poco Responsables de Directivos del sector de la banca que dieron lugar a la famosa crisis de las hipotecas basura.

No cabe duda de que las consecuencias de estas prácticas hayan generado mucho dolor y sufrimiento no solo en ciertos Directivos, sino en sus principales Stakeholders y clientes.

Pero renunciar a estos objetivos también puede implicar mucho dolor puesto que significa decir no a ciertas políticas de empresa, con el riesgo de perder incluso el puesto de trabajo o suculentas cuantías económicas en términos de primas.

No tenemos porque indignarnos por todo esto, puesto en nuestro pequeño reproducimos este mecanismo de toma de decisiones continuamente, todos los días, con nuestros amigos, vecinos de casa, compañeros de trabajo, hijos y pareja.

Puede que me sienta en derecho de conseguir mis objetivos profesionales o de ocio y que esto conlleve un conflicto con mi pareja y mi familia por no atenderles adecuadamente. Pero a la vez entraría en conflicto conmigo mismo por no lograr mis aspiraciones en el supuesto de renunciar a ello. ¿Qué hago? ¿Sufro por un lado, o sufro por el otro?

Y practicando deporte de resistencia: afronto el dolor que implica seguir adelante cuando creo que no puedo más, o el dolor para mi autoestima de dejarlo?

Puede que entre en conflicto con mi vecino de casa por querer poner una barbacoa en mi jardín y tener que hacerlo en la mejor zona para mí que coincide con la valla que linda con su parcela a la altura de la ventana del salón de su casa. ¿Renuncio a mis barbacoas por renunciar al conflicto, o renuncio a la buena relación con él por no renunciar a mis deseos?

Sea cual fuere la decisión que tome, esto siempre implicará una renuncia y un conflicto, bien conmigo mismo por renunciar a mis deseos, o bien con los demás por renunciar a la buena convivencia a favor de mis prioridades. Y el dolor es asegurado en un caso o en el otro.

Ahora bien, la intensidad del dolor depende de la rigidez con la que abordemos una u otra postura. A mayor rigidez, mayor dolor.

Si queremos eliminar el dolor, tendremos que eliminar o suavizar esa rigidez de plantemiento. Y esto implica realizar una labor de desprendimiento de todos aquellos elementos, creencias, planteamientos y posturas que concurren a esa rigidez.

Las personas, bajo este enfoque muchas veces caen en el error de creer que ante el prójimo, son siempre ellas quienes entonces dan el brazo a torcer; que son siempre ellas quienes tienen que esforzarse para que las cosas salgan más o menos bien en lugar de sus interlocutores; que son siempre ellas están buscando soluciones en nombre de un mayor bienestar común.

La labor de desprendimiento inicia con el renunciar a esta actidud.

Para conseguirlo es importante asumir que sus decisiones son el mejor revelador de cuáles son sus principales valores, que es lo que les importa más,  que están dispuestas a renunciar en nombre de lo que elijen.

Si optas por renunciar a tus objetivos profesionales a favor de una mejor convivencia con tu pareja, esto significa que de alguna manera necesitas más lo segundo que lo primero. Que la convivencia con  tu pareja es más importante que tu objetivo. O que tu objetivo puede esperar. O que no confías tanto en lograr tu objetivo como para arriesgarte a perder una cosa y no conseguir la otra: que no estás dispuesto/a a pagar un precio tan alto para lograr lo que buscas, o que de alguna manera una cosa no compensa la otra.

Entonces el conflicto real ya no es con la otra persona, sino con uno mismo, ya que uno no acepta el desprenderse de una parte de sus aspiraciones que van más allá de lo que realmente se siente capaz de lograr. Es un problema de frustración con uno mismo más que de conflicto con los demás. Y si no lo resuelve, lo más probable es que al fin y al cabo tampoco sea capaz de evitar el conflicto con la otra persona por pagar su frustración con esa misma persona.

La cuestión entonces está en salir del victimismo y de esa auto-compasión que nos hace pensar que siempre somos nosotros los desgraciados,  y asumir que lo que deseamos implica esfuerzo, elecciones y prioridades.

Y priorizar siempre significa abandonar algo: bien un convencimiento o bien una comodidad material.

Que tenemos que elegir si queremos una vida cómoda o si queremos perseguir lo que de deseamos, cueste lo que cueste. Ser entonces consecuentes con lo que esto pueda implicar en términos de desprendimiento personal.

No opto necesariamente por las decisiones altruistas y “moral y políticamente” correctas, sino con asumir necesariamente el trabajo de “duelo” que implica para uno mismo, abandonar algo y del trabajo de agradecimiento que implica tener la oportunidad de conseguir lo otro.

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¿Tienes El Síndrome De La Tarea Sucesiva? – Una de las Mayores Fuentes de Estrés

20/05/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness, Psicología, Recursos Humanos | , , ,

Tras estar coqueteando durante un periodo más o menos largo de estrés y tratar de gestionarlo a través de la consciencia plena (Mindfulness), me di cuenta de que una de las principales causas de estrés es lo que llamo “Síndrome de la tarea sucesiva”.

ObstaculosReconozco que en mi caso este síndrome es mi principal fuente de estrés y lo que actualmente está viéndome implicado en su abordaje y resolución, no sin dificultades, ya que he descubierto que su origen se instala una pauta mental o hábito poco saludable, muy incrustado en mis automatismos e idiosincrasias diarias, desde al menos 15 años.

¿Qué es el síndrome de la tarea sucesiva?

Es un cuadro de estrés y malestar que surge mientras una persona realiza una tarea, dentro de una sucesión de tareas en las que otorga más importancia y trascendencia a la tarea sucesiva en lugar de la que está realizando en ese momento: por ejemplo, conducir para ir a una reunión; cambiar el pañal de su propio hijo en el medio de la final de copa de su equipo; atender una consulta por teléfono que hace un tercero, con un e-mail pendiente de enviar a una persona de la que dependen decisiones de mayor incumbencia; comer para luego irse de paseo con la persona querida; cargar una lavadora en el intermedio publicitario de una película que nos tiene “enganchados”, etc. No tiene porque ser la tarea más trascendente para los beneficios efectivos de la persona, sino aquella a la que la persona suele otorgar más importancia y mayor carga emocional o preocupación, independientemente de los beneficios que pueda extraer ella.

¿Qué efectos tiene?

Básicamente el efecto más común es el de no permitirnos disfrutar de lo que estamos haciendo porque acabamos siendo presas de las preocupaciones por la tarea sucesiva: todo lo que se nos pone entre medias se convierte en algo poco agradable, privo de significado, o incluso un estorbo, un contratiempo, con toda la frustración que conlleva. Presas de este síndrome acabamos por perder progresivamente la capacidad de disfrutar de lo que hacemos y de las pequeñas cosas que dan sabor a la vida por estar constante y compulsivamente preocupados por la tarea que va a venir.

¿A quién afecta?

A todos en distintas partes de la vida, aunque reconozco que las personas más perjudicadas son aquellas con alta tendencia a trabajar por objetivos, muy obcecadas en la gestión el tiempo, que trabajan con listas de tareas a las que no ponen límite, que establecen prioridades y que todo ello lo hacen con altas dosis de ambición, auto-exigencia y perfeccionismo.

¿Cómo les afecta?

La tarea sucesiva a realizar y la carga emocional que supone se presentan en forma de pensamientos intrusivos durante la realización de otras actividades previas, funcionando como anticipaciones y generando una necesidad imperiosa de “acabar cuanto antes” y hacer las cosas con prisa para disponerse a realizar la tarea siguiente que les preocupa.

¿Qué se puede hacer con ello?

La atención plena (mindfulness) permite tomar mucha consciencia de los momentos en los que acabamos siendo presas de esa tendencia. Pero tomar consciencia en si mismo no sirve de mucho si esa consciencia no se usa para mejorar o producir cambios efectivos orientados al bienestar. Esos cambios tienen que ver con trabajar sobre las expectativas y la actitud de auto-disciplina personal. Practicar meditación y atención a la respiración ayuda porque mejora el entrenamiento, pero no basta por sí mismo.

La clave consiste en tratar de re-dirigir el proceso hacia una tendencia al “fluir”. Para ello es muy útil apartarse momentáneamente y periódicamente de las tareas y rutinas diarias y disponerse a hacer algo nuevo y distinto.

Pero lo más efectivo es practicar la posibilidad de renuncia y el desapego de nuestras mismas expectativas. No se trata de asumir una actitud conformista ante la vida, sino de pensar en términos de “desprendimiento de exigencias” en lugar de “acumulación o maximización de beneficios”: es decir, en lugar de pensar en términos de logros acumulativos, pensar en términos de renuncias satisfactorias. Al fin y al cabo, todo logro implica siempre un precio que tenemos que pagar para conseguirlo: y ese precio se paga en términos de cosas a las que renunciamos para obtener ese logro; lo mismo ocurre cuando compramos algo: renunciamos al poseer cierto dinero con el fin de obtener otro bien a cambio.

Pensar en lo que estoy dispuesto a pagar hoy en lugar del logro que quiero maximizar, nos ayuda a tomar una dimensión más realista de nuestras posibilidades tal y como pasa cuando vamos a comprar algo: no compramos nunca lo que queremos, sino lo que estamos dispuestos o podemos pagar para tenerlo.

De esta manera es mucho más fácil redimensionar nuestras expectativas y asumir una actitud más acorde con nuestras posibilidades: soñar grandes resultados y luego frustrarse por no lograrlo, es muy fácil, pero demasiado caro en ocasiones.

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Lo Que Siento Depende De A Lo Que Presto Atención

13/05/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Inteligencia Emocional, MIndfulness, Psicología | , , ,

Practicar la Consciencia Plena o Atención Plena (Mindfulness) permite hallar una serie de conclusiones acerca de cómo usamos nuestra mente y de los hábitos dañinos y poco saludables que solemos adquirir.

Y lo cierto es que la calidad de la vida de una persona depende en definitiva de la calidad de sus pensamientos.

Caras 5La mente es como un gran contenedor donde vertemos gran cantidad de información. Esa información la analizamos consciente o subconscientemente, la juzgamos y, finalmente, la clasificamos archivándola en nuestro “disco duro” en formato de creencias, es decir conclusiones de análisis, razonamientos, o soluciones más prácticas que nos sirven para facilitar nuestro funcionamiento a diario, simplificando nuestra toma de decisiones.

Esas creencias funcionan de criterios que nos permiten rápidamente valorar y sacar nuevas conclusiones de las nuevas experiencias que vivimos todos los días sin tener que volver a analizar toda la información nuevamente. Son economizadores cognitivos que funcionan de idiosincrasias, es decir mecanismos automatizados de funcionamiento que nos permiten tomar decisiones acordes a nuestra experiencia previa.

Esas creencias pueden convertirse en ocasiones, dependiendo de la mayor o menor rigidez que asuman, en verdaderos dogmas y prejuicios que en ocasiones nos llevan a sacar conclusiones excesivamente rápidas e intuitivas, adelantando incluso la vivencia y la experiencia: en base a ellas es posible imaginar el resultado de una decisión o comportamiento sin tener porque ponerlo en práctica y vivirlo directamente.

Pero como todo, este mecanismo puede volverse en nuestra contra dependiendo de la calidad de los pensamientos y creencias que llegamos a forjar y almacenar en nuestras mentes.

Está comprobado que en la medida en la que pongamos “basura” en ese gran contenedor que es la mente, esa misma se llenará de basura y producirá creencias fundamentadas en la basura.

A fin de cuentas, las personas felices son aquellas que son capaces de llenar su mente de pensamientos ilusionantes, incentivadores y motivadores, así como recuerdos de las partes positivas de sus experiencias: se trata de conclusiones positivas acerca de lo que viven, que les llevarán a actuar y seguir funcionando en la línea que eligieron.

Las personas tristes o con malestar sin embargo, son aquellas que llenan sus mentes con pensamientos preocupantes, fundamentados en el miedo, la evitación, el malestar y las partes negativas de sus experiencias.

Esto nos devuelve a lo útil que puede ser el mindfulness para darnos cuenta de qué tipo de pensamientos y juicios estamos dejando caer en el contenedor de nuestra mente y ser más conscientes de la gran influencia que tienen los mecanismos y procesos de atención en lo que luego se convierte en nuestra disposición, nuestro estado de ánimo y, en definitiva, nuestro bienestar o malestar emocional.

En la medida en que prestemos atención a los aspectos negativos de nuestras vivencias, almacenaremos recuerdos negativos que nos conectarán con estados de ánimo negativos.

En la medida en que hagamos lo contrario, sucederá lo contrario.

La cuestión entonces reside, cuando nos demos cuenta de que estamos experimentando un estado de ánimo negativo, en tomar consciencia de que si nos sentimos mal, será porque estaremos prestando atención a la parte negativa de nuestras vivencias. Pero la parte negativa de nuestras experiencias no es necesariamente toda la vivencia, sino el resultado de un punto de vista, de un análisis sumario que hagamos de esa realidad, desde la perspectiva y actitud de base que usamos para analizarla y sacr conclusiones.

Para superar ese bucle es bueno preguntarse entonces: ¿Si estoy prestando atención a los aspectos negativos, a que otros aspectos diferentes no estoy prestando atención?

En la respuesta a esa pregunta reside la posibilidad de un cambio sustancial de estado de ánimo.

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Así Como Respiras, Así Es Tu Vida…

13/05/2018 |by 75e3b9658b | 0 Comments | MIndfulness, Qi Gong | , ,

Abrazar el arbol

Esta es una nueva conclusión a la que he llegado tras practicar 45′ de Zhan Zhuang en la postura nº21 la Postura del Palo, también llamada en Qi Gong postura de abrazar el árbol. En esta postura se pasa por distintos estados emocionales debido a la exigencia de la misma: fortaleza, aburrimiento, miedo, tensión, impaciencia, alegría, etc.. Curiosamente pero no casualmente, la alegría suele llegar al final, tras atravesar todas las demás. Y con estas emociones, practicando la atención plena desde la intención del mindfulness, se puede tomar consciencia de como va cambiando el patrón de respiración.

El Zhang Zhuan (hoy Qi Gong) es disciplina perteneciente a la medicina tradicional china que ofrece al amplio mundo del mindfulness una serie de actividades y recursos básicos. Concretamente el Zhang Zhuan ha sido investigado como terapia en distintos Hospitales de China y sus efectos expuestos en congresos de medicina a lo largo de todo el mundo.

Así es como recoge Dennis Lewis el resultado de una vida dedicada a investigar patrones de respiración: una respiración superficial, una vida superficial, una respiración profunda, una vida profunda, una respiración desordenada, una vida de estrés y confusión, una respiración forzada indica una vida forzosa, una respiración rica de suspiros y espasmos, una vida triste, una respiración con inspiraciones más fuertes que espiraciones, conecta con la rabia o el enfado, y al contrario, con el júbilo y la alegría, una respiración con apneas o con flujos de inspiración corto y ràpido, indica una vida rica de miedos, una respiración contraída, restringida y sofocada, con culpabilidad y arrepentimiento….

Al contrario, una respiración larga, con inhalaciones fluidas profundas, largas y pausadas, con unos ciclos de entre 20 y 40 segundos, conecta con estados de amor, compasión, serenidad, templanza y bondad.

Parece que cada emoción tiene su correspondiente patrón de respiración y conocerlo, puede ayudarnos a educarnos mejor en la gestión eficaz de nuestras emociones.

Si además entendemos las emociones (del latin – emovere = poner en movimiento) como ese mecanismo que representa la antesala de las acciones y comportamientos, es decir la chispa que hace que actuemos en el mundo material, de aquí viene la importancia de saber modular con eficacia los distintos patrones de respiración con el fin de ofrecer al mundo unas respuestas adecuadas a las situaciones que vamos afrontando en el día a día.

Pero si por un lado vivimos una vida “emocionalmente castrada” no nos imaginamos lo poco que sabemos sobre nuestra respiración. Nadie nos educó para respirar y, debido a eso hemos desarrollado patrones automáticos de respiración como respuesta asociada a las emociones que vivimos.

Esta asociación (que los expertos en PNL no dudarían en llamar como un verdadero anclaje ancestral) hace que al sentir una emoción pongamos en marcha el mapa de repiración correspondiente. Pero también es cierto que este principio funciona también al contrario: al cambiar nuestro patron de respiración, podemos cambiar y transformar nuestros estados emocionales basculando hacia patrones funcionales afines a emociones más agradables.

Esto nos devuelve a un punto importante: en nuestra vida tiende a predominar aquellas emoción asociada al patrón de repiración que más reproducimos.

De ahí la importancia y la gran eficacia clínica que se suele atribuir a las técnicas de gestión de la respiración como las de Jacobson, el método de reducción del estrés basado en mindfulnes de John Kabat Zinn, y el Qi Gong, el Tai Chi o el Yoga, que basan su disciplina en el control de la respiración inclusive asociado a la visualización.

Así como respiras, así es tu vida…

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Tres Enseñanzas sobre el Fluir en la vida, desde el Mindfulness

06/05/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness | , ,

Fluir hoy en día es un deseo y una aspiración muy perseguida por las personas. Más aún, si cabe, desde que Mihaliy Csikszentmihalyi escribiera en 1990 su aclamado best seller “Flow”.

Muchas personas se preguntan cómo llegar a tener esa sensación de fluidez en su vida y dejar de una vez tropezarse con emociones encontradas, conflictos y malestar.

La naturaleza nos ofrece multitudes de ejemplos es inspiraciones para comprender el real significado de la vida y de ciertos conceptos que tratan de describirla. Uno de ellos es el concepto de Fluidez.

Esta mañana fui a caminar por el bosque al lado de un arroyo. Llegado a un lugar tranquilo y sombreado. Estaba cerca de una pequeña cascada que caía en una piscina natural de agua cristalina y esmeralda. Me senté en una lisa roca a observar el curso del riachuelo. Con una mano me apoyé en la roca y con la otra toqué el agua. La temperatura  cálida de la roca contrataba con la efervescencia y frescura del agua que caía río abajo. En el aire había un olor a romero y pino joven.  No sentía brisa en la piel pero me pude fijar en la fuerza del agua que empujaba mi mano fluyendo hacia abajo. El agua solo iba hacia una dirección y con fuerza y decisión. ¡Un momento de atención plena que se cruzó con el fluir del agua!

Ahí fue donde me di cuenta del primero de los principios básicos del fluir es que todo lo que fluye solo va en una dirección: hacia adelante. ¡Qué gran toma de consciencia! Para fluir en la vida hay que mirar y dirigirse hacia adelante.  Ergo: todo pensamiento que nos ancla en el pasado, toda actitud que nos lleva a revisar nuestro pasado, todo persistir en hechos y cosas ocurridas que nos mantienen en el pasado y toda emoción que se basa en acontecimientos del pasado nos impide fluir. Para fluir la memoria puede ser un gran impedimento. Soltar el pasado es un hecho imprescindible para fluir en la vida.

También observé que el agua, cuando encontraba un obstáculo no solo no se detenía, sino que giraba y corría buscando el camino para seguir adelante en su propósito. No se enfadaba o quejaba ante la dificultad, sino que se ocupaba contantemente de encontrar la vía: encontrar la solución al impedimento: si tenía que separarse y partirse en varios riachuelos lo hacía, si tenía que estrechar su caudal lo hacía, aunque esto implicara mayor presión y velocidad.

Ahí encontré la segunda enseñanza: siempre hay una vía por donde canalizar nuestro propósito: no encontrarla es más cuestión de no quererla, antes que no saberla buscar. Si quieres fluir has de ocuparte de encontrar soluciones a lo que en determinados momentos puede condicionar el normal proceder hacia tu propósito. Para fluir hay que estar dispuestos a encontrar vías de solución. Enfócate en las soluciones en lugar de las quejas. Puede que ciertas vías no sean las que a ti más te gusten, pero siempre hay posibilidades para afrontar un obstáculo y superarlo.   Y esto me llevó a la tercera enseñanza:

Al lado, detrás de una gran roca, había otra poza de agua. Algo más pequeña. Turbia. Transmitía una sensación de tristeza y suciedad. Ahí el agua no fluía. Estaba estancada.

Ahí encontré el tercero de los principios de la fluidez: para fluir hay que estar en continuo movimiento. Si te estancas te pudres. Algo muy razonable si además consideramos que estamos hechos en mayor porcentaje de agua y que, si no la mantenemos en movimiento, acabaremos enfermando.  La ausencia de gravedad o inclinación del terreno, hace que el agua no se mueva. Del mismo modo, la ausencia de cambios y estímulos en nuestra vida hará que nos estanquemos. Busca el cambio, no lo evites.

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Como Transformar Emociones Difíciles en Pocos Minutos

06/05/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Aprendizaje y Entrenamiento, Inteligencia Emocional, MIndfulness | ,

TransformacionTransformar las emociones que nos causan malestar es posible con técnicas muy simples y eficaces. Una de ellas consiste en detectar el elemento negativo y meditar unos minutos sobre ello, hasta reducir considerablemente la carga emocional que nos genera. El procedimiento consiste en pocos pasos:

  1. Detectar el hecho ocurrido o situación que nos causa ese malestar, llámese enfado, tristeza, prisa, preocupación, miedo, o deseo incontenible de algo que, del ceder a la tentación, nos podría causar algún prejuicio.
  2. Detener la atención en un punto concreto o un detalle que nos conecta con esa emoción.
  3. Sentir la emoción en el cuerpo, en los lugares específicos dónde percibimos que la emoción está teniendo lugar.
  4. Detener la atención en ese punto del cuerpo tratando de dar una forma, color, o textura a ese punto.
  5. Observar detenidamente como esa forma, color o textura permanece o va cambiando, según lo que suceda, tratando de no perder la atención sobre ella al menos unos 20-30 minutos.
  6. Aún cuando intervengan otros pensamientos o distracciones quizás más apetecibles, tratar de volver la atención hacia ese punto y observar que ocurre.

Es muy probable que con el pasar del tiempo la carga emocional vaya reduciéndose: quizá en un principio es posible que incremente. De hecho es muy frecuente que al inicio incremente el estado de activación emocional pero, por el mismo efecto, la curva de activación llegará a un límite que, si somos capaces de ser suficientemente pacientes, acabará progresivamente por reducir hasta niveles muy llevaderos o incluso nulos.

El tiempo para que esto suceda puede variar de persona en persona, dependiendo de la carga emocional que tenga y del tiempo en el que ha estado conviviendo o expuesta a dicha carga: hay personas que en menos de 10’ logran transformar completamente la emoción, y otras que necesitan quizás más tiempo, o incluso más sesiones seguidas o con mayor frecuencia.

Esta técnica se puede repetir las veces que uno desee: no produce efectos colaterales, aunque tampoco nos libera del problema que nos ataña; no nos regala soluciones para resolver y superar lo que nos afecta, pero nos proporciona dos grandes beneficios:

  1. Reduce la carga emocional negativa, permitiéndonos alivio y sosiego.
  2. Nos hace más conscientes de lo importante que es relativizar:

Se trata de un proceso que podemos asemejar a una «digestión» de la emoción, a través de la cual nos quedamos con las sustancias útiles para nosotros (con el aprendizaje de la experiencia) y desechamos lo que no necesitamos, evacuándolo.

No solemos prestar mucha atención a las emociones que nos producen los acontecimientos que vivimos. Muchas de ellas surgen como primera, rápida, e impulsiva reacción ante un hecho o acontecimiento. Solemos quedarnos habitualmente con esa primera emoción que registramos en nuestro sistema nervioso como fruto de esa primera impresión vivida y nos aferramos a ella para actuar bajo los impulsos y efectos de esa emoción. Nos sucede algo parecido que lo que les sucede a los patos cuando nacen y atribuyen el rol de madre al primer ser con el que interactúan, siguiéndole allá donde vaya. Nosotros hacemos así con las emociones dejándonos llevar por ellas sin cuestionarlas ni cuestionarnos hasta que punto puede sernos beneficios y útil. Al hacer esto, no damos oportunidad a nuestra mente de buscar recursos alternativos y otros puntos de vista con los que observar esa circunstancia con otros ojos.

Con tan solo 5 o 10 minutos de reflexión acerca de ello, podríamos cambiar sensiblemente nuestra percepción, nuestro juicio, y así regular esa emoción: pero, con el ritmo de vida que llevamos, no solemos concedernos esa posibilidad. Esta técnica sin embargo, al permitir que pase ese tiempo de contemplación, facilita el surgir de nuevas ideas y pensamientos a un nivel consciente o subconsciente, que actúa sobre esa emocional residual de la “primera impresión” la transforma, del mismo modo que ofrece el tiempo suficiente al cuerpo para “digerir” el rastro de esa primera emoción y transmutarlo. De esta manera nos damos cuenta que si nuestro punto de vista, y la emoción inicial asociada a ello, pueden cambiar con tan solo pocos minutos de meditación, cuando nos encontraremos ante situaciones que despiertan en nosotros emociones difíciles, no nos aferraremos tanto a ellas sabiendo que nosotros no somos esa emoción “negativa”: no nos identificaremos con ella, sino que seremos capaces de  darnos cuenta de que simplemente somos quienes están sintiendo temporalmente esa emoción. Y lo que alberga al contenido, no es el contenido. Al darnos cuenta de ello de manera consciente, no nos creeremos todas las emociones que crearemos de partida: no nos tomaremos tanto en serio como para quedarnos tan afectados por ellas, sino que con más probabilidad, nos concederemos el tiempo de dejarlas reposar pausadamente antes que reaccionar y actuar presas de esas emociones.

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¿Insatisfacción o Ambición? La importancia de Canalizar Adecuadamente las Emociones Difíciles

29/04/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Inteligencia Emocional, MIndfulness, Principios del Mindfulness, Psicología | , ,

AmbiciónEn una ponencia de un reconocido escritor en temas de autoayuda oí decir una vez: “el ser humano es insatisfecho por naturaleza”.

La cosa me hizo pensar mucho al respecto y llegué a la conclusión de que, como siempre, existen varias formas de canalizar emocionalmente las experiencias que tenemos.

Ante un mismo hecho o una misma experiencia, es posible que algunas personas sientan cierta insatisfacción.
Pero en esto hay que ver como juega el factor “expectativa previa”.

La expectativa que tenemos acerca de una experiencia marca irrevocablemente la lectura que haremos a posteriori de la misma.

Y siempre tenemos expectativas, otra cosa es que nos aferremos y apeguemos demasiado a ellas o que las dejemos pasar con una actitud más “mindful”.

En la medida en que nos apeguemos a una expectativa y la realidad nos devuelva una evidencia que juzguemos con “menor valor” respecto a lo que teníamos previamente imaginado, es posible que entonces surja la “insatisfacción”.

Pero en ese mismo momento podemos decidir si quedarnos en esa emoción o darnos cuenta de que simplemente esa emoción está siendo producida por una expectativa que, a fin de cuentas, es a su vez la resultante de nuestra propia ambición.

La ambición no es mala en sí ya que nos permite proponernos metas, incluso de difícil alcance, y en muchas ocasiones lograrlas: sin la ambición el hombre no habría logrado volar, cruzar el océano atlántico, inventar la escritura, el teléfono, la WIFI, o la tecnología necesaria para tener ciudades como Roma hace 2000 años, Nueva York hace 100 años, o Dubai en estos tiempos.

La cuestión entonces está en tomar consciencia de que tenemos una ambición y que, simple y llanamente, lo que hemos hecho hasta el momento no ha sido suficiente como para satisfacerla a todos los efectos.

Desde este nuevo punto la atención entonces puede pasar a qué hacer de nuevo para lograr lo que nos proponemos.

Quizá nos demos cuenta de que nuestra manera de actuar simplemente no estuvo a la altura de nuestra ambición, o que nuestra ambición estuvo desproporcionada respecto de nuestras reales habilidades y condiciones.

Tomando consciencia de ello quizá canalizaremos mejor esa “insatisfacción inicial” en una ambición constructiva y positiva hacia el logro de nuevos resultados o hacia el desarrollo de los recursos y habilidades necesarias para su logro.

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La Felicidad Es La Ausencia de Deseos… Ahora Bien: ¿Deseas ser Feliz?

22/04/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness, Psicología | ,

Parece que nuestra sociedad ha asumido desde hace unos años la búsqueda de la felicidad como uno de los propósitos existenciales más profundos del ser humano.

¿No será más bien una forma de permanecer sin embargo en la superficie y no afrontar el problema en la raíz?

Y la raíz es que mientras muchos buscan la felicidad, el mundo parece cada vez más sumergido en el sufrimiento: ¿Por qué, si no, tanta búsqueda de felicidad? Quizás el hecho de que vayamos buscando la felicidad sea demostración fehaciente de que estemos instalados más bien en el sufrimiento…

Children flying rainbow kite in the meadow on a blue sky background

¿No será entonces la hora de mirar de frente a lo que tenemos y resolverlo en lugar de ir buscando por ahí otra cosa y distraernos de lo que verdaderamente nos aflige?
Mientras muchos hablan de cómo lograr la felicidad: ¿no será cuestión de iniciar a hablar de cómo afrontar y resolver el sufrimiento?

La búsqueda de la felicidad se ha convertido para muchos en una manera de distraerse y entretenerse de sus verdaderos problemas, de no verlos y afrontarlos de una vez: la felicidad es para muchos una forma de huir del sufrimiento sin afrontarlo y resolverlo.

Sin embargo hay una frase de Alfonso Alcántara (@yoriento)  explica que en el fondo lo que hemos de hacer es centrarnos en lo práctico: “Deja de preguntarte cómo te sientes y ponte a organizar y resolver tu vida”.

Si bien poner orden a nuestra vida nos ayudará a tener menos sufrimiento, tampoco hemos de dar por hecho que tras lograrlo encontraremos esa ansiada felicidad: porque existe una creencia sobre la felicidad, bastante generalizada que nos lleva a creernos algo que puede no suceder:

«La Felicidad es una recompensa que se puede encontrar al final de algo y, si lo hacemos bien, podemos encontrarla: ergo, hay que buscar la felicidad»

La creencia de entender a la felicidad como una recompensa al final de un proceso no hace más que incrementar nuestro deseo de encontrarla, lo cual incrementa la percepción y la toma de consciencia de que si la hemos de encontrar, entonces no la tenemos.

Resumido a la esencia, buscar la felicidad solo nos lleva a ser conscientes de que no somos felices. Y esto es tremendamente devastador para nuestras emociones.

 

En definitiva, psicológicamente hablando, si solo eliminásemos de nosotros el deseo de ser felices, posiblemente logremos serlo. El problema surge cuando establezcamos como estrategia de eliminación, la satisfacción de esos deseos, puesto que nada más satisfacerlos, entonces surgirán otras necesidades, otros deseos que volverán a alimentar la espiral del “capitalismo emocional”.

Situarse en la ausencia del deseo no es fácil ya que corremos el riesgo de no sentirnos vivos y confundir ese estado con una apatía crónica.

Pero aquí viene la pregunta: ¿Se puede vivir sin deseos?

En el libro de Roberto Crobu, «Introducción al  Mindflness» se encuentra la respuesta a estas cuestiones.

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APLICACIONES PRÁCTICAS DE LA MEDITACIÓN “MINDFULNESS”: BENEFICIOS Y LÍMITES

15/04/2018 |by 75e3b9658b | 0 Comments | Aprendizaje y Entrenamiento, MIndfulness | , ,

Muchos se preguntan cual es la diferencia ente Mindfulness y Meditación.

Si bien la Meditación cubre un amplio espectro de prácticas (tibetanas, taositas, hinduistas, vipassana, zen, etc.) con intenciones más o menos prescriptivas, que pretenden ubicar a la persona en ciertos estados emocionales y mentales (el perdón, el amor incondicional, la gratitud, el presente), el Mindfulness reúne solo el conjunto de técnicas y enfoques de meditación orientados a centrar la persona en el presente y gestionar sus focos de atención para que permanezcan el “aquí y ahora”.

En el mindfulness se trata de entrenar el primer de los tres niveles del Samadhi, es decir la estabilización de la mente.

Estabilizar es un elemento fundamental para una adecuada higiene mental y no tiene que ver con el mito de la “mente en blanco”.

De hecho, la práctica de la meditación mindfulness requiere una actitud presente pero retraída, de observador que tiene su atención abierta y centrada en sus pensamientos.

No se trata de “No pensar” en nada, sino de tomar consciencia de a dónde se dirigen nuestros pensamientos.

Este proceso, gestionado desde la posición de “observadores” en una sesión de entre 15 minutos y media hora al día, nos permite conocer a fondo que es lo que nos preocupa: lo que nuestros pensamientos nos proponen será señal de que su contenido por alguna razón está implicando, en nosotros, algún tipo de proceso cognitivo y emocional interno.

Pero tomar consciencia de un proceso no sirve de nada si no se hace algo con él. Lo importante es entonces conocer las implicaciones de ese proceso, sus orígenes, los efectos y las consecuencias que trae para nuestra existencia seguir funcionando desde ese enfoque, así como nuestro posicionamiento ante ello, es decir nuestra actitud.

Por esta razón yo siempre aconsejo dos tandas de meditación: una para tomar consciencia de los pensamientos más recurrentes y otra  para centrar nuestra atención en un pensamiento de ellos y conocer a fondo los procesos mentales  y emocionales implicados.

Aún así, conocer que parte de nosotros está implicada en ese proceso tampoco sirve de algo si luego no se usa esa toma de consciencia para aportar modificaciones y cambios en nuestras pautas y enfoques con el fin de asumir una posición diferente.

Este es un aspecto fundamental ya que meditar por meditar no aporta mucho a una persona, salvo en ocasiones cierto sosiego por el mero hecho de lograr estabilizar la mente o calmarnos por alejarnos de alguna fuente de estrés.

De por sí estos beneficios son poco estables y duraderos si no se aprovecha la toma de consciencia para cambiar la pauta y actitud de afrontamiento de la realidad que nos provoca malestar.

Cambiar la pauta de pensamiento ya no es cuestión de practicar mindfulness o meditación, sino de cambiar hábitos y estructuras mentales. Este proceso requiere una labor psicológica muy precisa y planeada que marca el final de la intervención con mindfulness para entrar en otro tipo de intervenciones que requieren una cualificación psicológica y terapéutica concreta.

Si bien el Mindfulness puede representar una herramienta de apoyo muy valiosa en todo proceso de desarrollo personal, no es recomendable usarse como sustituto o alternativa a tratamientos convencionales.

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Mindfulness: Motivación y Voluntad

08/04/2018 |by 75e3b9658b | 0 Comments | Aprendizaje y Entrenamiento, MIndfulness | , ,

La cuarta edición del curso de Mindfulness MBET® e Inteligencia Emocional de la Universidad de Murcia ya es una realidad: a falta de dos semanas del cierre de inscripciones quedan todavía algunas plazas, estando cerca del cuórum habitual de alumnos mínimos para que el programa arranque.

Con motivo de incentivar la práctica formal e informal, dedicaremos este post a la motivación y la voluntad orientadas a la práctica.

¿Es lo mismo voluntad que motivación?

La falta de motivación o de voluntad (o de ambas cosas) puede ser uno de los grandes impedimentos hacia la práctica.

En efecto las dos variables son diferentes y se refieren a aspectos complementarios:

La palabra motivación deriva del latín motivus o motus, que significa ‘causa del movimiento’. La motivación es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta.

La palabra voluntad proviene del idioma latín voluntas, voluntātis (verbo volo = ‘querer’, y sufijo -tas, -tatis = ‘-dad’, ‘-idad’, en castellano), y consiste en la capacidad de los seres humanos de decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado.

Hay dos tipos de voluntad: la espontánea, que puede entenderse como Motivación, y la intencionada, que surge como efecto de la adecuación a una norma o disciplina.

Hay personas que tienen voluntad pero no motivación y otras que tienen motivación pero no voluntad. También hay personas que tienen ambas cosas o ninguna.

En la práctica del mindfulness, así como en cualquier entrenamiento, son importantes ambas: la motivación nos llevará a la acción espontánea y natural de practicar, bien movidos por el mero placer de la experiencia (motivación intrínseca) o bien por la expectativa de lograr un determinado estado emocional como efecto de la práctica (motivación extrínseca).

Imagen Onirica 1

Pero en ocasiones, sobre todo en los momentos de mayor estrés y carga, se tiene la tendencia en abandonar la práctica debido a que los problemas  y preocupaciones llevan a la persona a distraerse y no encontrar la práctica amena y agradable.

Sin embargo, en esos momentos es cuando más beneficioso puede resultar practicar, aunque directamente no se encuentre el punto ideal de motivación. La voluntad, es decir la capacidad de mantenerse firme en una decisión e intención tomada libremente, ayudará a mantener activa la rutina.

Del mismo modo, solo con voluntad, a la larga, una persona puede acabar desistiendo si no encuentra en la práctica una motivación, es decir un beneficio directo, que le anime e impulse a seguir.

Resumiendo e inspirándonos en la filosofía griega, tener motivación y voluntad es moverse en un equilibrio entre el placer del Epicureísmo (340 a.c. aproximadamente), y la determinación del Estoicismo de Zenón (300 a.c. aproximadamente).

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