El Estrés es Sexy

19/11/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Emociones, MIndfulness, Principios del Mindfulness | , , ,

Este post puede representar una continuación del anterior sobre las insidias que esconde la emoción de la Alegría. Y en efecto lo es.

Hay una relación directa entre emociones y estrés, ya que cualquiera de ellas puede provocar un incremento del arousal de activación nerviosa y derivar en estrés.

Pero no es lo mismo el estrés provocado por el elevado nivel de activación de la tristeza, que el del enfado, del miedo o de la alegría.

Si todos podemos más o menos experimentar el malestar provocado por una elevada activación de emociones como el enfado, la tristeza o el miedo, ¿qué es lo que nos sucede cuando el nivel de estrés proviene de emociones como la alegría?

Muy probablemente experimentemos una acumulación adictiva de deseo a sumar y seguir sin parar. “Un atracón emocional” que, mientras lo vivimos, disfrutamos de ello sin cuestionarnos como resultará nuestra digestión posterior. En efecto es algo parecido a una indigestión provocada por nuestros más deseados alimentos y platos preferidos: muchas veces los comemos más allá de la saciedad y, pese al disfrute, no paramos en tomar consciencia de si ello será beneficioso o perjudicial para nuestra salud. Y la gran mayoría de las veces  se trata más bien de lo segundo, no por el tipo de alimento, sino por la cantidad de la ingesta. Por esta razón es importante tener claro  y ser más conscientes de cuando estamos cerca de la saciedad y parar, tanto en lo hábitos alimenticios como en cualquier actividad que emprendamos y nos guste realizar nuestra vida.

En definitiva hay un tipo de estrés que se presenta bajo un semblante sexy y seductor, y que nos consume y nos agota mientras disfrutamos de ello. Es el estrés que experimentamos cuando hacemos algo que nos gusta mucho o cuando las cosas nos van bien en general: cuando estamos “en racha” y trabajamos para mantenernos “en la cresta de la ola”.

En ese momento podemos caer en la falacia de pensar que mantenernos en esa cresta surfeando depende de nosotros y que hemos de hacer más muchas cosas para que eso se sostenga: pero en ello perdemos de vista otros aspectos tan prioritarios o importantes en nuestra vida como puede ser la familia, los seres queridos, otras facetas de nuestro negocio o actividad profesional, o simplemente nuestra propia salud por descuidar la manera en la que comemos, dormimos o descansamos y nos alimentamos en esos momentos.

Es muy fácil tomar una determinación para cambiar esa inercia cuando las cosas nos van mal y “sufrimos” el estrés provocado por emociones como la tristeza, el enfado o el miedo: pero, ¿cómo se puede parar esta inercia cuando sentimos que es tan positiva y motivadora para nosotros, pese al desgaste silencioso que produce?

La práctica formal de la atención plena nos ayuda a “drenar” ese exceso de entusiasmo, aunque al principio cuesta: el cuerpo no quiere estar parado, la mente no para de producir ideas que nos seducen y nos mueven a actuar, bajo una incontinencia imparable. Incluso puede ocurrir que acabemos pensando que el parar y salirse momentáneamente de ese flujo, nos hará perder esa ola y que todo se desvanecerá  como por efecto de magia.

Cuando todo esto nos produce muchos impedimentos para la práctica formal, es bueno acompañar las sesiones formales con la adquisición de herramientas conceptuales y filosóficas de ayuda: puede servir a ello la lectura basada en contenidos tan propios del mindfulness como son el principio de impermanencia y volatilidad, el de gratitud, o la falacia de control.

El principio de impermanencia nos viene a recordar que las cosas no duran para siempre: ni para lo bien, ni para lo mal. Esa racha, antes o después, terminará: más vale disfrutar de ella mientras dure, con gratitud.

Agradecer el momento nos va a mantener en la humildad de considerar lo que estamos viviendo como algo especial que merece la pena celebrar y disfrutar, en lugar de afanarse por lo que deseamos que siga permaneciendo en el futuro. Es más, no es la primera vez que aun manteniéndose lo bueno, nuestros hábitos se acostumbran a ello y dejan de verlo como tal, normalizándolo con el tiempo. La gratitud nos ayudará a seguir poniendo en valor lo que tenemos sin por ello desgastarnos en derrochar energías y forzar las situaciones para que se mantengan artificiosamente.

Y la falacia de control nos viene a recordar  que por mucho que tratemos de controlar los acontecimientos, hay factores y variables accidentales que no dominamos o cuyo intento de dominio puede provocar más bien fricciones y conflictos en lugar de traer armonía y fluidez a nuestras vidas: no es la primera vez que el intento de control de algo positivo y deseado acabe siendo causa justo de lo contrario.

En conclusión, no te preocupes de lo que no puedas controlar, disfruta del momento y construye sobre ello un futuro estando abierto a cabalgar de ola en ola, apreciando las diferentes sensaciones que te proporcionan, sin apegarte necesariamente a una y sin tratar de que se mantenga indefinidamente.

Si el estrés puede ser sexy, la serenidad, la gratitud y la apertura al cambio, también pueden serlo.

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Como reconocer la Atención Plena de Otras Prácticas

23/10/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness | , , , ,

Las 5 anclas de Calidad de la Práctica de la Atención Plena

La atención plena es una práctica que, formal o informalmente, puede aplicarse a muchas actividades humanas: de un baile a un paseo; del conducir al comer; de escuchar una música a hacer el amor; de contemplar un paisaje a dialogar con una persona; y como es obvio, también el meditar en determinadas posturas e intenciones.

Por su característica de adherir a todo tipo entorno y situación, se puede llegar a considerar “mindfulness” casi cualquier actividad, lo cual puede llevar a no saber diferenciar en determinadas ocasiones si estamos practicando atención plena o no: si lo estamos practicando adecuadamente y, sobre todo, si lo que nos están proponiendo como atención plena es realmente un ejercicio de mindfulness.

¿Cómo reconocer si una práctica es mindfulness o no?

Para ello hay que fijarse en lo que llamamos las 5 anclas de calidad en la práctica en la atención plena. Todo tipo de actividad, formal o informal, en el supuesto de cumplir con estos cinco requisitos, puede considerarse a todos los efectos un ejercicio de atención plena:

  1. Lentitud
  2. Foco
  3. Atención en Información Sensorial
  4. Exclusividad y Secuencialidad
  5. No Prescripción

Lentitud: todo ejercicio de atención plena tiene que permitir que tanto el cuerpo como la mente ralenticen su velocidad. Todo lo que va rápido no nos permite captar detalles y prestar atención en profundidad a lo que sucede: para hacer un símil, imaginemos pasear por un camino al lado de una carretera, caminando a velocidad normal. Podríamos prestar atención a los detalles del suelo, del paisaje, los pájaros, los fajos de hierbas que ondulan con el aire. Ahora imaginemos ir en coche por la carretera al lado de ese camino, a una velocidad de 120kms/h. Esa velocidad no nos permitiría captar los mismos objetos. Esos detalles desaparecerían de nuestro campo perceptivo. La atención plena ha de permitirnos ir suficientemente despacio para abrir nuestro campo perceptivo a centrar nuestra atención en los pequeños detalles, como en los grandes aspectos.

Foco: todo ejercicio de mindfulness ha de focalizar nuestro campo perceptivo en un objeto, actividad o campo. Es como si contemplando un panorama, decidiéramos ponerle a una parte del mismo, el marco de un cuadro. Seguiremos mirando dentro de ese marco, delimitando nuestra atención en todo el campo perceptivo que entra dentro del mismo. Esa intención la llamamos foco. Un ejercicio que no determina un foco de atención previo a la práctica, con la intención de no modificarlo a lo largo de la misma, no puede considerarse un ejercicio de mindfulness. Del mismo modo podremos considerar la calidad de nuestra práctica valorando si a lo largo de la misma nuestra atención se ha mantenido en ese marco o se ha desviado del mismo.

Atención a la Información sensorial: el hecho de que decidamos cual es el foco de atención, no ha de limitarnos a la hora de poner todos los sentidos en ese objeto de atención. Volviendo al ejemplo de ponerle un marco a un paisaje para su contemplación, esto no nos tiene que impedir abrir nuestro campo perceptivo, viendo, escuchando, saboreando, sintiendo en la piel y en el cuerpo y olfateando todo tipo de información que nos propone la experiencia en el momento en el que estemos prestando atención al contenido de ese marco. Una práctica en la que no estemos tomando consciencia de la información que reciben nuestros sentidos, no puede considerarse a todos los efectos como una práctica de atención plena de calidad: podrá ser un ejercicio de concentración, pero no un ejercicio de atención plena.

Exclusividad y Secuencialidad: toda experiencia de atención plena ha de centrar la atención en un único punto con carácter exclusivo. En la eventualidad de que la experiencia implicara aspectos o acciones complejas, como puede ser una conversación, comer una comida entera, o el conducir,  el concepto de secuencialidad sustituye al de exclusividad, entendiéndose ésta como la realización de una acción tras otra, de manera secuencial. La exclusividad y la secuencialidad son conceptos que se contraponen a la simultaneidad y la multitarea. Con la simultaneidad y la multitarea sucede algo parecido que con la velocidad: no nos permiten captar en profundidad los detalles de las experiencias que vivimos. Cuando hacemos dos o más actividades a la vez, nuestra atención se dispersa ya que nuestra mente no puede enfocar dos puntos de atención con el mismo foco e intensidad, tal como una cámara no puede enfocar cerca y lejos a la vez. Una práctica de atención plena de calidad nos llevará a evitar la multitarea y la simultaneidad con otras actividades.

No prescripción: las prácticas de atención plena han de permitir a la mente captar la información de manera natural, y darse cuenta de los procesos tal como surgen, sin prescribir determinadas actitudes o maneras de sentir o valorar la experiencia. Del mismo modo que han de dejar a la persona libre de captar detalles de la experiencia sin inducir tener ciertos pensamientos o provocar ciertos estados de ánimo, decirle a una persona lo que ha de sentir  o cómo ha de sentirse, enfocar determinados detalles, o cultivar determinados valores éticos o morales. Tampoco han de estimular la imaginación o el prestar atención a determinadas sensaciones que a lo mejor una persona por sí misma no está captando. Toda práctica semejante puede considerarse más bien una visualización, un trance hipnótico o una sugestión, pero no un ejercicio de atención plena – mindfulness.

La próxima vez que alguien te propone un ejercicio o realices una práctica de atención plena y quieres saber si eso que estás haciendo es realmente mindfulness, así como si es mindfulness de calidad, puedes preguntarte:

  • ¿Lo estoy haciendo suficientemente lento?
  • ¿Está mi mente centrada en lo que estoy haciendo?
  • ¿Puedo reconocer la información que están recibiendo mis 5 sentidos (cada uno)?
  • ¿Estoy dedicándome exclusivamente a esa tarea o realizando una tarea a la vez?
  • ¿Tiene mi atención la libertad de dirigirse hacia lo que sucede (foco de atención) sin que ni yo ni otras personas ajenas, la dirijan intencionadamente hacia algún punto?

Si puedes contestar afirmativamente a estas cinco preguntas, entonces estarás practicando atención plena de calidad.

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El Espejismo del Empoderamiento

02/09/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Principios del Mindfulness | ,

Un estudio realizado por los investigadores de la Universidad de Southampton (Reino Unido) devolvió una curiosa conclusión: que el Yoga y la meditación pueden tener efectos tan curiosos como el de “Inflar el Ego”. La lectura de dicho estudio supuso meditar al respecto sobre las formas tan variadas en las que se está aplicando el Mindfulness en el mundo educativo, asociándolo a estrategias que pueden llegar a desvirtuar su propios fundamentos. Esta tendencia se puede encontrar muy evidente en aquellos ambientes del desarrollo personal y de la educación que buscan ayudar a las personas a tener un mejor auto-concepto y “empoderarse” para la vida.

Hay un valor preocupante en el mundo educativo y del desarrollo personal de la actualidad, por parte de algunas corrientes: consiste en enfocar las intervenciones hacia el “empoderamiento” y el refuerzo positivo de las personas. Qué duda cabe que ayudar a las personas a tener un auto-concepto sano sea algo positivo y provechoso. Pero  hay que saber diferenciar el refuerzo positivo gratuito del que sucede al mérito por la adecuada consecución de ciertos logros: el primero no es más que  un cumplido halagador con efecto similares a un subidón de azúcar, mientras que el segundo puede representar el adecuando elemento para incentivar a la persona a crecer.

Hay que tener cuidado con la aplicación de la primera modalidad de refuerzo, ya que si por un lado contribuye a fortalecer el auto-concepto de la persona, puede impedir el desarrollo de un adecuado espíritu de autocrítica, fundamental para su crecimiento y equilibrio emocional.

Y en todo caso hay que saber dosificar ambas modalidades para no incurrir en generar dependencia del refuerzo ajeno. La dependencia es una forma de apego que condiciona y limita a la persona, mermando su posibilidad de ser realmente libre para valorar una situación y actuar de acuerdo con su propia consciencia.

Inflar el auto-concepto de una persona, puede resultar parecido a la asunción de alimentos que contribuyen a la acumulación de grasas en el cuerpo. A medio o largo plazo mermará la agilidad de la persona y su movilidad, contribuyendo a la aparición de ciertas disfunciones. Del mismo modo las personas con un auto-concepto “inflado artificialmente”, pueden caer en un falso bienestar provocado por una seguridad postiza de sí mismos: tan inquebrantable que puede no dejar lugar al beneficio de la duda y la toma de consciencia hacia un mejor equilibrio consigo mismos y con el mundo alrededor. En definitiva, pueden perder agilidad conceptual y de consciencia. Precisamente lo opuesto a los beneficios iniciales del mindfulness.

En definitiva el empoderamiento, no adecuadamente dosificado, como toda forma de poder humano, puede causar embriaguez, adicción y dependencia que a la postre resultan perjudiciales.

Por esta razón toda forma de intervención psicológica, educación o ayuda al desarrollo personal que solo ponga atención en el empoderamiento y que se sirva de la meditación como técnica, sin balancearse con el fomento del espíritu auto-crítico capaz de ayudar a encontrar en la duda un elemento liberador que fomenta la consciencia, el descubrimiento y   el crecimiento humano, estará haciendo uso incorrecto de la técnica, resultando pobre, y perjudicial, además de una manera de tergiversar y violar los principios fundamentales de la atención plena.

 

Sugerencias:

Si quieres aprender Mindfulness desde casa, puedes hacerlo con el Programa On Line de la Universidad de Murcia

Si quieres convertirte en Monitor/a de Mindfulness, puedes lograrlo con el Posgrado de Especialista Universitario den Mindfulness de la Universidad de Murcia.

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¿Para Qué Meditas? Meditar No Sirve Si No Se Dirige La Consciencia Hacia Un Cambio

10/06/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness | , ,

Laberinto

En la meditación no es importante si lo haces bien o mal, si es adecuado o no adecuado, si es correcta o no tu forma de meditar, sino simplemente si eres consciente de lo que te está pasando en todo momento.

Ahora bien, ¿para qué quieres lograr ese estado de consciencia?

Es cierto que cuando se medita es importante el hecho de no buscar nada en especial que no sea el mero centramiento en la propia auto-consciencia presente en el aquí y ahora. Pero a partir de ese punto sí es muy importante preguntarse: ¿para qué me sirve ser consciente?

No olvidemos que toda acción humana lleva detrás una motivación.

No soy nadie para decretar si es de mal uso y mal entendimiento la cada vez más extendida costumbre de Meditar. No sé nada ni es respetuoso de mi parte hablar del proceso de los demás. Solo conozco y soy dueño del mío. Cuando asociamos a la meditación calificativos como bueno o malo, correcta o incorrecta, ya estamos fuera de la meditación, tanto en un sentido como en otro. La dualidad nos saca de la meditación.

La meditación es meditación, es consciencia. La conciencia plena meditativa no es buena ni mala, ni correcta o incorrecta, es meditación, y si no fuera así, entonces no sería meditación, sería otra cosa. Si queremos hablar de esa otra cosa… sería interesante…. adelante.

Hace poco leí una polémica lectura de la polémica vida del polémico Osho. Según el autor de ese artículo, Osho educaba en “desprendimiento” (desapego) a sus discípulos y eso les convertía en facilmente manipulables, endoctrinables y mansos hacia sus enseñanzas. Curioso y me hizo reflexionar acerca de otra afirmación del propio Osho que decía que el Gobierno de EE.UU. entrenaba a sus soldados a disparar para matar mediante la meditación, con el fin de que tuvieran calma y tranquilidad mientras lo hacían (desapegados de su posibles sentimiento de culpabilidad).  Sinceramente no veo diferencia entre las dos anécdotas ya que en ambos casos se está observando una práctica de endoctrinarmiento. El mismo autor, afirma que Osho entrenaba en la vía del “desapego” mientras seguía coleccionando Rolls Royce (una trentena dicen). Desde luego no hay mayor manifestación de apego a algo que no sea el coleccionismo.

¿Adónde quiero ir con esto? A que desde ciertas esferas (normalmente las de mayor poder e influencia) es muy cómodo entrenar a las personas en la vía del desapego porque esto les lleva fácilmente a renunciar a muchas cosas, y en esa renuncia de los demás encontrar menor resistencias y conflictos para uno obtener lo que quiere. Primero las materiales, luego los hábitos triviales, y finalmente sus derechos. Aceptando lo que les ocurre es como las personas dejan de “luchar” para lo que en principio deseaban o querían. Porque deciden cambiarse a sí mismas antes que cambiar al mundo.

Conozco personas que ante problemas personales se encierran a meditar, incluso van a vidas pasadas y se pasan meses y años investigando sobre quienes eran en vidas pasadas, etc, etc, etc. Pero las soluciones a nuestros problemas presente nunca están en el pasado. Yo siempre les digo ¿No tienes suficientes problemas a resolver en tu vida actual como para buscar más problemas en vidas pasadas? Has venido a vivir esta vida, no a recordar las anteriores. Nadie que yo sepa consiguó alguna vez cambiar el su pasado, pero sí lo hizo con su presente. ¿Adónde está dirigida tu mirada?

Entonces la pregunta que podríamos hecernos es: ¿Para qué te sirve ser consciente de lo que te hace estar mal? A mi modo de ver, toda consciencia, insight o re-encuadre que logremos obtener, según las técnicas psicológicas o de meditación que usemos, no nos va a servir de nada si no lo usamos para actuar y dirigirnos hacia el cambio.

A partir de ese momento una persona tiene dos vías posibles: cambiar a sí mismo (su enfoque) para dejar de sufrir, o cambiar lo que tiene fuera de sí mismo, para que deje de hacerle daño. Esto ya es una decisión personal.  Cada vez más hay personas que eligen lo primero: desde fuera podríamos verlo como una renuncia basada en la aceptación de lo que le pasa, y lo es. Pero será desde nuestro enfoque no desde el suyo. No es lo mismo aceptar que resignarse. Los que disfrazan la resignación de  aceptación son los que se auto mienten. Y así es como tergiversan su propia consciencia para no actuar pensando que sí han despertado su consciencia, pero esto ni es consciencia ni es adecuado para su salud.

Meditar no sirve de nada si no se dirige luego la consciencia hacia un cambio cuyas repercusiones tengan lugar en el interior (mente, emociones y espíritu) y en el mundo material que rodea a la persona.

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Despertar La Consciencia Es Darse Cuenta Que No Necesitas Terapia

03/06/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Camino Al Cambio, MIndfulness, Principios del Mindfulness, Psicología | , , , , ,

¿Porque muchas personas pasan de taller en taller de autoayuda y crecimiento personal, de terapia en terapia, de coaching en coaching y no acaban de encontrar esa felicidad o bienestar que buscan?

Hay personas que se pasa09 REFLEJOSn largos periodos de su vida saltando de terapia en terapia. Y uso aquí el término “terapia” en el sentido más amplio y existencial del término: es decir cualquier actuación realizada por una persona externa que usa técnicas de cualquier tipo (cientificas y no, clínicas o no) para producir en nosotros efectos que gener algún cambio orientado hacia lo que deseamos conseguir. Bajo esta premisa, dentro de este término, entendido de esta manera, puede entrar la psicoterapia, la psicoanálisis, las terapias gestalt, PNL, psicología positiva, talleres de autoayuda y crecimiento personal, coaching, reiki, terapias regresivas, hipnosis, flores de bach, terapias esotéricas y ancestrales, terapias esenias, pleyadianas etc., etc., etc..

La cuestión no está en la elección de lat erapia en sí. Si una es mejor o más efectiva que otra. Aquí no me posiciono ni a favor ni en contra de ellas. La cuestión es la actitud con la que se acude a recibir este tipo de servicio y el mensaje subyacente que enviamos a nuestra mente y nuestro cuerpo a la hora de hacerlo.  Y el mensaje es el siguiente:

“Necesito algo o alguien ajeno a mi para cambiar lo que es propio de mí”.

Total incoherencia…. ¿Cómo puede ser que algo desde fuera, fuera de nuestro auto-control, puede cambiar algo que está dentro y que depende de nuestro control?

Y aquí viene el siguiente mensaje aún más devastador para nuestro subconsciente:

“No tengo el control de lo que pasa dentro de mí”.

Y por ende:

“Lo que viene desde fuera es lo que me dirige”.

Básicamente significa asumir que uno ha perdido el control de su vida, o mejor dicho , de la vida de su ser. Y, peor aún: que otorga el destino de su ser a algo o alguien que hará con él lo que cree oportuno, desde su personal y ajeno punto de vista, no desde las necesidades intrínsecas de quien experimenta ese malestar.

Esto no está mal e incluso útil y lo comparto y defiendo si es durante cortos periodos de tiempo y delimitados.  Es asumible de vez en cuando y en ciertos momentos concretos de la vida de una persona.

Pero el problema surge cuando una persona pasa de terapia en terapia, de búsqueda en búsqueda. De cursos de autoayuda en talleres de crecimiento personal.Y hace de eso un habito que le acompaña en la vida.

Se mete en una y entra en otra nueva, secundando una búsqueda indefinida de algo indefinido que no acaba de encontrar.

Y lo que no acaba de encontrar es su propio ser, porque lo ha perdido. Porque mientras sigue en este acto de búsqueda, está por otro lado diciéndose a sí misma que no tiene control su ser.

Difícilmente encontrará alguien a su ser más profundo, si decide otorgar el control del mismo a personas ajenas a él/ella. Acabará más confuso y perdido.

Hace poco llegué a la siguiente conclusión: leer libros de autoayuda puede ser contraproducente cuando se hace sin un problema efectivo a afrontar en la vida. Leer más libros de los que uno en principio necesita para resolver un problema efectivo e inmediato, es desde luego contraproducente ya que genera insensibilidad a los efectos que podría tener cuando de verdad uno lo necesite.

Sería parecido al efecto de tomar muchos antobióticos que luego nos hace inmunes a sus efectos a la larga.

Eso no quita que la sociedad demanda este tipo de productos cada vez más y no deja de ser una señal de un ligero despertar de consciencias hacia una mirada más adentro del ser humano que, pese a no traducirse todavía en acciones y cambios concretos, no deja de ser un pasito adelante que nos acerca un poquito más hacia ese paso tan fundamental y necesario para concretar el cambio en acciones. Acciones que paradojicamente nunca serán suficientes para decir que ese cambio se haya dado definitiva y concluyente.

Confío que estamos siempre en el camino al cambio… y la paradoja está en que nunca será suficiente el recorrido hecho como para decir que hayamos llegado.

Lo importante es el camino. Y nuestro ser lo encontraremos por el mero hecho de estar caminando, no necesariamente por llegar a algún destino concreto.Mejor dicho: ni siquiera lo encontraremos porque no hará falta encontrarlo: nuestro ser ya está con nosotros en ese camino. Simplemente tomaremos consciencia de que está ahí donde no lo estábamos buscando: mirábamos muy lejos buscándolo quien sabe donde como aquel que busca las llaves de su coche y luego se da cuenta que las lleva en el bolsillo. Simplemente. Conectaremos más directamente con él. Y eso es la consciencia.

No hace falta buscar fuera algo que ya está dentro con nosotros. Simplemente hay que mirarse adentró y poner las condiciones como para que esa mirada sea atenta, despierta, consciente. Y poner las condiciones significa actuar. Caminar. Seguir adelante. Afrontar y resolver uno sus problemas actuando con ellos, no contra de ellos. Un problema es una oportunidad de cambio y mejora personal, no un enemigo al que hay que vencer.

Todo sirve en pequeña o mayor medida, pero en las dosis adecuadas, como para permanecer atentos y despiertos en ese camino para disfrutar de él,  y sobretodo seguir caminando (actuando) para seguir adelante, sin pararse ante eventuales obstáculos y problemas, o perderse por el mismo, peleando uno con su propio ser, o  tratando de llegar a algún destino concreto.

 

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Tanto Que Sigas Como Que Renuncies, El Dolor Lo Tendrás Igual

27/05/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Coaching, MIndfulness, Principios del Mindfulness | , , , ,

En más de una ocasión puede habernos llegado la duda del si seguir adelante en la persecución de un resultado concreto, o dejarlo y desistir.

La manera en la que afrontamos este “Cruce de Caminos” es fundamental en la vivencia del dolor y del sufrimiento que podamos padecer como consecuencia de una u otra cosa.

Y la verdad, una de las verdades absolutas es que el Dolor existe y es inevitable.

A esto yo añadiría que el conflicto también existe y es inevitable: bien con uno mismo o bien con los demás.

La cuestión es elegir el camino que menos sufrimiento puede causar en nosotros y nuestro alrededor y la mayor felicidad y alegría pueda generar.

DesprendimientoPongamos por ejemplo la persecución de fines y objetivos empresariales y económicos. No cabe duda que puede ser un factor de mucho estrés, incomodidad y malestar, según el tipo de objetivo que se plantee. Esto puede generar tensiones y conflictos no solo en el interior de una empresa, como en el mercado, por tratar de colocar un producto por encima de la competencia o mediante técnicas de comunicación manipulativa o coercitivas, con el fin de cumplir con objetivos.

Lo vimos recientemente en las prácticas poco Responsables de Directivos del sector de la banca que dieron lugar a la famosa crisis de las hipotecas basura.

No cabe duda de que las consecuencias de estas prácticas hayan generado mucho dolor y sufrimiento no solo en ciertos Directivos, sino en sus principales Stakeholders y clientes.

Pero renunciar a estos objetivos también puede implicar mucho dolor puesto que significa decir no a ciertas políticas de empresa, con el riesgo de perder incluso el puesto de trabajo o suculentas cuantías económicas en términos de primas.

No tenemos porque indignarnos por todo esto, puesto en nuestro pequeño reproducimos este mecanismo de toma de decisiones continuamente, todos los días, con nuestros amigos, vecinos de casa, compañeros de trabajo, hijos y pareja.

Puede que me sienta en derecho de conseguir mis objetivos profesionales o de ocio y que esto conlleve un conflicto con mi pareja y mi familia por no atenderles adecuadamente. Pero a la vez entraría en conflicto conmigo mismo por no lograr mis aspiraciones en el supuesto de renunciar a ello. ¿Qué hago? ¿Sufro por un lado, o sufro por el otro?

Y practicando deporte de resistencia: afronto el dolor que implica seguir adelante cuando creo que no puedo más, o el dolor para mi autoestima de dejarlo?

Puede que entre en conflicto con mi vecino de casa por querer poner una barbacoa en mi jardín y tener que hacerlo en la mejor zona para mí que coincide con la valla que linda con su parcela a la altura de la ventana del salón de su casa. ¿Renuncio a mis barbacoas por renunciar al conflicto, o renuncio a la buena relación con él por no renunciar a mis deseos?

Sea cual fuere la decisión que tome, esto siempre implicará una renuncia y un conflicto, bien conmigo mismo por renunciar a mis deseos, o bien con los demás por renunciar a la buena convivencia a favor de mis prioridades. Y el dolor es asegurado en un caso o en el otro.

Ahora bien, la intensidad del dolor depende de la rigidez con la que abordemos una u otra postura. A mayor rigidez, mayor dolor.

Si queremos eliminar el dolor, tendremos que eliminar o suavizar esa rigidez de plantemiento. Y esto implica realizar una labor de desprendimiento de todos aquellos elementos, creencias, planteamientos y posturas que concurren a esa rigidez.

Las personas, bajo este enfoque muchas veces caen en el error de creer que ante el prójimo, son siempre ellas quienes entonces dan el brazo a torcer; que son siempre ellas quienes tienen que esforzarse para que las cosas salgan más o menos bien en lugar de sus interlocutores; que son siempre ellas están buscando soluciones en nombre de un mayor bienestar común.

La labor de desprendimiento inicia con el renunciar a esta actidud.

Para conseguirlo es importante asumir que sus decisiones son el mejor revelador de cuáles son sus principales valores, que es lo que les importa más,  que están dispuestas a renunciar en nombre de lo que elijen.

Si optas por renunciar a tus objetivos profesionales a favor de una mejor convivencia con tu pareja, esto significa que de alguna manera necesitas más lo segundo que lo primero. Que la convivencia con  tu pareja es más importante que tu objetivo. O que tu objetivo puede esperar. O que no confías tanto en lograr tu objetivo como para arriesgarte a perder una cosa y no conseguir la otra: que no estás dispuesto/a a pagar un precio tan alto para lograr lo que buscas, o que de alguna manera una cosa no compensa la otra.

Entonces el conflicto real ya no es con la otra persona, sino con uno mismo, ya que uno no acepta el desprenderse de una parte de sus aspiraciones que van más allá de lo que realmente se siente capaz de lograr. Es un problema de frustración con uno mismo más que de conflicto con los demás. Y si no lo resuelve, lo más probable es que al fin y al cabo tampoco sea capaz de evitar el conflicto con la otra persona por pagar su frustración con esa misma persona.

La cuestión entonces está en salir del victimismo y de esa auto-compasión que nos hace pensar que siempre somos nosotros los desgraciados,  y asumir que lo que deseamos implica esfuerzo, elecciones y prioridades.

Y priorizar siempre significa abandonar algo: bien un convencimiento o bien una comodidad material.

Que tenemos que elegir si queremos una vida cómoda o si queremos perseguir lo que de deseamos, cueste lo que cueste. Ser entonces consecuentes con lo que esto pueda implicar en términos de desprendimiento personal.

No opto necesariamente por las decisiones altruistas y “moral y políticamente” correctas, sino con asumir necesariamente el trabajo de “duelo” que implica para uno mismo, abandonar algo y del trabajo de agradecimiento que implica tener la oportunidad de conseguir lo otro.

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¿Tienes El Síndrome De La Tarea Sucesiva? – Una de las Mayores Fuentes de Estrés

20/05/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness, Psicología, Recursos Humanos | , , ,

Tras estar coqueteando durante un periodo más o menos largo de estrés y tratar de gestionarlo a través de la consciencia plena (Mindfulness), me di cuenta de que una de las principales causas de estrés es lo que llamo “Síndrome de la tarea sucesiva”.

ObstaculosReconozco que en mi caso este síndrome es mi principal fuente de estrés y lo que actualmente está viéndome implicado en su abordaje y resolución, no sin dificultades, ya que he descubierto que su origen se instala una pauta mental o hábito poco saludable, muy incrustado en mis automatismos e idiosincrasias diarias, desde al menos 15 años.

¿Qué es el síndrome de la tarea sucesiva?

Es un cuadro de estrés y malestar que surge mientras una persona realiza una tarea, dentro de una sucesión de tareas en las que otorga más importancia y trascendencia a la tarea sucesiva en lugar de la que está realizando en ese momento: por ejemplo, conducir para ir a una reunión; cambiar el pañal de su propio hijo en el medio de la final de copa de su equipo; atender una consulta por teléfono que hace un tercero, con un e-mail pendiente de enviar a una persona de la que dependen decisiones de mayor incumbencia; comer para luego irse de paseo con la persona querida; cargar una lavadora en el intermedio publicitario de una película que nos tiene “enganchados”, etc. No tiene porque ser la tarea más trascendente para los beneficios efectivos de la persona, sino aquella a la que la persona suele otorgar más importancia y mayor carga emocional o preocupación, independientemente de los beneficios que pueda extraer ella.

¿Qué efectos tiene?

Básicamente el efecto más común es el de no permitirnos disfrutar de lo que estamos haciendo porque acabamos siendo presas de las preocupaciones por la tarea sucesiva: todo lo que se nos pone entre medias se convierte en algo poco agradable, privo de significado, o incluso un estorbo, un contratiempo, con toda la frustración que conlleva. Presas de este síndrome acabamos por perder progresivamente la capacidad de disfrutar de lo que hacemos y de las pequeñas cosas que dan sabor a la vida por estar constante y compulsivamente preocupados por la tarea que va a venir.

¿A quién afecta?

A todos en distintas partes de la vida, aunque reconozco que las personas más perjudicadas son aquellas con alta tendencia a trabajar por objetivos, muy obcecadas en la gestión el tiempo, que trabajan con listas de tareas a las que no ponen límite, que establecen prioridades y que todo ello lo hacen con altas dosis de ambición, auto-exigencia y perfeccionismo.

¿Cómo les afecta?

La tarea sucesiva a realizar y la carga emocional que supone se presentan en forma de pensamientos intrusivos durante la realización de otras actividades previas, funcionando como anticipaciones y generando una necesidad imperiosa de “acabar cuanto antes” y hacer las cosas con prisa para disponerse a realizar la tarea siguiente que les preocupa.

¿Qué se puede hacer con ello?

La atención plena (mindfulness) permite tomar mucha consciencia de los momentos en los que acabamos siendo presas de esa tendencia. Pero tomar consciencia en si mismo no sirve de mucho si esa consciencia no se usa para mejorar o producir cambios efectivos orientados al bienestar. Esos cambios tienen que ver con trabajar sobre las expectativas y la actitud de auto-disciplina personal. Practicar meditación y atención a la respiración ayuda porque mejora el entrenamiento, pero no basta por sí mismo.

La clave consiste en tratar de re-dirigir el proceso hacia una tendencia al “fluir”. Para ello es muy útil apartarse momentáneamente y periódicamente de las tareas y rutinas diarias y disponerse a hacer algo nuevo y distinto.

Pero lo más efectivo es practicar la posibilidad de renuncia y el desapego de nuestras mismas expectativas. No se trata de asumir una actitud conformista ante la vida, sino de pensar en términos de “desprendimiento de exigencias” en lugar de “acumulación o maximización de beneficios”: es decir, en lugar de pensar en términos de logros acumulativos, pensar en términos de renuncias satisfactorias. Al fin y al cabo, todo logro implica siempre un precio que tenemos que pagar para conseguirlo: y ese precio se paga en términos de cosas a las que renunciamos para obtener ese logro; lo mismo ocurre cuando compramos algo: renunciamos al poseer cierto dinero con el fin de obtener otro bien a cambio.

Pensar en lo que estoy dispuesto a pagar hoy en lugar del logro que quiero maximizar, nos ayuda a tomar una dimensión más realista de nuestras posibilidades tal y como pasa cuando vamos a comprar algo: no compramos nunca lo que queremos, sino lo que estamos dispuestos o podemos pagar para tenerlo.

De esta manera es mucho más fácil redimensionar nuestras expectativas y asumir una actitud más acorde con nuestras posibilidades: soñar grandes resultados y luego frustrarse por no lograrlo, es muy fácil, pero demasiado caro en ocasiones.

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¿Insatisfacción o Ambición? La importancia de Canalizar Adecuadamente las Emociones Difíciles

29/04/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Inteligencia Emocional, MIndfulness, Principios del Mindfulness, Psicología | , ,

AmbiciónEn una ponencia de un reconocido escritor en temas de autoayuda oí decir una vez: “el ser humano es insatisfecho por naturaleza”.

La cosa me hizo pensar mucho al respecto y llegué a la conclusión de que, como siempre, existen varias formas de canalizar emocionalmente las experiencias que tenemos.

Ante un mismo hecho o una misma experiencia, es posible que algunas personas sientan cierta insatisfacción.
Pero en esto hay que ver como juega el factor “expectativa previa”.

La expectativa que tenemos acerca de una experiencia marca irrevocablemente la lectura que haremos a posteriori de la misma.

Y siempre tenemos expectativas, otra cosa es que nos aferremos y apeguemos demasiado a ellas o que las dejemos pasar con una actitud más “mindful”.

En la medida en que nos apeguemos a una expectativa y la realidad nos devuelva una evidencia que juzguemos con “menor valor” respecto a lo que teníamos previamente imaginado, es posible que entonces surja la “insatisfacción”.

Pero en ese mismo momento podemos decidir si quedarnos en esa emoción o darnos cuenta de que simplemente esa emoción está siendo producida por una expectativa que, a fin de cuentas, es a su vez la resultante de nuestra propia ambición.

La ambición no es mala en sí ya que nos permite proponernos metas, incluso de difícil alcance, y en muchas ocasiones lograrlas: sin la ambición el hombre no habría logrado volar, cruzar el océano atlántico, inventar la escritura, el teléfono, la WIFI, o la tecnología necesaria para tener ciudades como Roma hace 2000 años, Nueva York hace 100 años, o Dubai en estos tiempos.

La cuestión entonces está en tomar consciencia de que tenemos una ambición y que, simple y llanamente, lo que hemos hecho hasta el momento no ha sido suficiente como para satisfacerla a todos los efectos.

Desde este nuevo punto la atención entonces puede pasar a qué hacer de nuevo para lograr lo que nos proponemos.

Quizá nos demos cuenta de que nuestra manera de actuar simplemente no estuvo a la altura de nuestra ambición, o que nuestra ambición estuvo desproporcionada respecto de nuestras reales habilidades y condiciones.

Tomando consciencia de ello quizá canalizaremos mejor esa “insatisfacción inicial” en una ambición constructiva y positiva hacia el logro de nuevos resultados o hacia el desarrollo de los recursos y habilidades necesarias para su logro.

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La Felicidad Es La Ausencia de Deseos… Ahora Bien: ¿Deseas ser Feliz?

22/04/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness, Psicología | ,

Parece que nuestra sociedad ha asumido desde hace unos años la búsqueda de la felicidad como uno de los propósitos existenciales más profundos del ser humano.

¿No será más bien una forma de permanecer sin embargo en la superficie y no afrontar el problema en la raíz?

Y la raíz es que mientras muchos buscan la felicidad, el mundo parece cada vez más sumergido en el sufrimiento: ¿Por qué, si no, tanta búsqueda de felicidad? Quizás el hecho de que vayamos buscando la felicidad sea demostración fehaciente de que estemos instalados más bien en el sufrimiento…

Children flying rainbow kite in the meadow on a blue sky background

¿No será entonces la hora de mirar de frente a lo que tenemos y resolverlo en lugar de ir buscando por ahí otra cosa y distraernos de lo que verdaderamente nos aflige?
Mientras muchos hablan de cómo lograr la felicidad: ¿no será cuestión de iniciar a hablar de cómo afrontar y resolver el sufrimiento?

La búsqueda de la felicidad se ha convertido para muchos en una manera de distraerse y entretenerse de sus verdaderos problemas, de no verlos y afrontarlos de una vez: la felicidad es para muchos una forma de huir del sufrimiento sin afrontarlo y resolverlo.

Sin embargo hay una frase de Alfonso Alcántara (@yoriento)  explica que en el fondo lo que hemos de hacer es centrarnos en lo práctico: “Deja de preguntarte cómo te sientes y ponte a organizar y resolver tu vida”.

Si bien poner orden a nuestra vida nos ayudará a tener menos sufrimiento, tampoco hemos de dar por hecho que tras lograrlo encontraremos esa ansiada felicidad: porque existe una creencia sobre la felicidad, bastante generalizada que nos lleva a creernos algo que puede no suceder:

“La Felicidad es una recompensa que se puede encontrar al final de algo y, si lo hacemos bien, podemos encontrarla: ergo, hay que buscar la felicidad”

La creencia de entender a la felicidad como una recompensa al final de un proceso no hace más que incrementar nuestro deseo de encontrarla, lo cual incrementa la percepción y la toma de consciencia de que si la hemos de encontrar, entonces no la tenemos.

Resumido a la esencia, buscar la felicidad solo nos lleva a ser conscientes de que no somos felices. Y esto es tremendamente devastador para nuestras emociones.

 

En definitiva, psicológicamente hablando, si solo eliminásemos de nosotros el deseo de ser felices, posiblemente logremos serlo. El problema surge cuando establezcamos como estrategia de eliminación, la satisfacción de esos deseos, puesto que nada más satisfacerlos, entonces surgirán otras necesidades, otros deseos que volverán a alimentar la espiral del “capitalismo emocional”.

Situarse en la ausencia del deseo no es fácil ya que corremos el riesgo de no sentirnos vivos y confundir ese estado con una apatía crónica.

Pero aquí viene la pregunta: ¿Se puede vivir sin deseos?

En el libro de Roberto Crobu, “Introducción al  Mindflness” se encuentra la respuesta a estas cuestiones.

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Las Malas Personas No Existen: Verdad, Bien, Mal, Justicia, Felicidad y Sufrimiento

01/04/2018 |by 75e3b9658b | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness | , , , ,

El periodista  buscaba el titular y así tergiversó con su interpretación todo el mensaje de Howard Gardner.

Practicando atención plena me he dado cuenta de que todo lo que llamamos verdad es simple y llanamente un mero punto de vista. Una perspectiva personal, que no representa el puzzle completo de un hecho o realidad.

Pero aún así sigue siendo verdad en la medida en que se trata de una experiencia real. La verdad es en definitiva lo que experimentamos, no lo que creemos que está fuera de nosotros.

Porque nada puede ser y existir fuera de nuestra experiencia: si no lo experimentamos, no existe.

Y si nos lo cuentan, será entonces experiencia de otros. Será entonces la verdad de otros, pero no la nuestra.

En definitiva, la verdad es algo mucho más relativo de lo que parece. La verdad puede cambiar según quien la experimente y su punto de vista.

Del mismo modo podemos hablar del bien y del mal.

El bien nunca ganará la partida al mal. Porque el bien necesita del mal para existir. Tratar de aniquilar el mal es imposible porque la mera condición para que el bien existas, es que su contrario también exista.

Es más, tratar de aniquilar el mal se convertiría paradójicamente en practicar el mal.

Esto sucede porque lo que algunos juzgan como mal, no necesariamente lo juzguen de la misma manera aquellos que lo practican. El ladrón, por mucho que al ojo del inocente practique el mal, en su interior lo estará practicando bajo una intención positiva: la de hacer el bien para sí y para sus cercanos.

La verdad de quien ve algo malo en el otro, es la verdad de ese alguien, pero no necesariamente la de ese otro. Es una experiencia personal. Es un juicio.

En definitiva, el bien y el mal no son hechos consumados. No pertenecen siquiera a los hechos, sino a los juicios de aquellas personas que perciben y experimentan esos hechos.

En el mundo no existe el bien ni existe el mal como algo ajeno a la persona y su experiencia. Sino que el bien y el mal pertenecen a la condición misma humana. No existe el bien o mal en los hechos, sino hay bien o mal en las personas que juzgan esos hechos.

Y pasa lo mismo con la justicia. El mundo no es justo. No tiene porque serlo. El mundo simplemente es perfecto: todo sucede bajo unas normas de acción y consecuencia. Todo lo que sucede no solo es causa de consecuencias, sino que a su vez es consecuencia de unas causas que vinieron antes. Todo está entrelazado y en comunicación, en continua búsqueda de equilibro. Si algo podemos asociar al concepto de Justicia es justicia entendida como acción en respuesta a un cambio de situación que generó un desequilibrio, ante la necesidad de volver a establecer un nuevo equilibrio momentáneo. Así son las crisis por ejemplo.

Y así venimos al concepto de Felicidad. La felicidad existe porque existe el sufrimiento. No puedes quedarte con una y eliminar la otra. Porque pasa como con el bien y el mal. Una necesita de la otra para existir. Todo es un equilibrio de fuerzas. Y un mundo justo no es un mundo feliz, sino un mundo que en ese juego de acción, reacción, y re-equilibrio, encuentra un nuevo estado que equilibra el anterior y que está además a la espera de volverse a desequilibrar para re-equilibrar: en definitiva un mundo en permanente cambio. Todo cobra sentido en este sistema, tal como afirma la segunda ley de la termodinámica: todo sistema tiende a un equilibrio hasta generar un nuevo desequilibrio.

Eliminar el sufrimiento significa eliminar la felicidad. O mejor dicho, la felicidad no se encuentra como simple alternativa al sufrimiento, o como consecuencia de evitarlo. Sino que se encuentra más allá del sufrimiento, como consecuencia de abrazarlo, atravesarlo, vivirlo y superarlo. Uno puede ser feliz en el momento en que acepta el sufrimiento y como tal, aceptándolo, deja de ser un elemento de malestar para convertirse en un elemento de desarrollo. De ahí la importancia de la aceptación del sufrimiento, como estrategia de conexión con la felicidad. Abrazar el sufrimiento para obtener felicidad es aceptar lo que duele para transformarlo en oportunidad.

¿Qué es esto sino equilibrio?

Gran verdad! (pero claro… la mía).

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