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Cómo Logré vencer el Estrés: 3 Enseñanzas que Cambiaron mi Vida

21/09/2020 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Uncategorized | , ,

¿Eres de las personas que a menudo piensa que no tiene el tiempo para las tantas coas que le gustaría hacer? ¿De los que corre de un sitio a otro con la agenda llena de tareas por hacer? ¿Sientes el temor de que se acabe el día y no te dé tiempo terminar todo lo previsto? ¿Qué no te vas a la cama tranquilo/a si no has terminado todo lo previsto? ¿Tus horarios cambian a menudo por causa de los retrasos? ¿No puedes dejar una tarea a media o te incomoda dejar cabos sueltos? ¿Eres de los que tiene que cortar conversaciones con todo el mundo porque siempre hay una tarea pendiente que atender? O lo contrario…

¿De los que se entretienen hablando con todo el mundo para evitar afrontar esas tareas que le incomodan? ¿O de los que hacen dos o tres a la vez y cree estar convencido de hacerlas bien?

Ufff… que agobio… Que sucesión de situaciones estresantes…. ¿verdad?

Con esta batería de preguntas, precisamente quería reproducir en ti esa sensación de estrés…

Para que la vivieras.

Imagina entonces una vida en la que todos los días te suceda todo eso…

Si has contestado que si a varias preguntas de antes, entonces este post te va a interesar.

Te contaré como logré vencer el estrés de todo eso. Y como descubrí el método con el que posteriormente ayudé a más de 500 personas entre alumnos y clientes privados y empresas.

Espérate hasta el final del post porque además te encantará la sorpresa que te tengo preparada.

Era el lejano 2011. Llevaba un año tratando de arrancar una actividad profesional que inicié con bastantes dificultades en 2010, tras perder mi trabajo de asalariado.

El que iba a ser un año feliz, el año de mi boda, en 2009, tuvo un final imprevisto: fui despedido de la empresa por la que trabajaba por bajada de la actividad. Tras 7 años de colaboración tuve que renegociar la indemnización por despido a la baja por evidentes problemas de la empresa para la que trabajaba. No había ventajas.

A esto le sucedió un aborto en 2010 que supimos llevar discretamente.

Y en 2011, en plena crisis económica española, seguía haciendo malabares para llegar a final de mes.  

Y llegó mi primer hijo.

Ahí todo cambió….

Si lo vemos desde el punto de vista de un padre, pudo ser el momento más dulce de mi vida. Pero, si lo vemos desde la perspectiva del estrés, fue un cambio muy difícil de afrontar.

Ese año se juntó con una formación importante en PNL que me llevó a viajar con mi mujer 1 fin de semana al mes a Madrid. También leí entre 8 y 12 libros, y escribí mi primer libro.

Y conocí algo que cambiaría para siempre mi vida: el Mindfulness.

Con el Mindfulness aprendí que  el primer error a la hora de gestionar el estrés es pretender  vencer el estrés. Porque no se trata de una lucha: no hay un enemigo ahí fuera que podemos llamar estrés. El estrés no es una entidad con consciencia propia. Por tanto no se trata de vencer al estrés, sino de aprender a convivir con él. Este es el primer error conceptual a la hora de nos aboga al fracaso a la hora de gestionar el estrés.

También con el Mindfulness aprendí que la única persona con la que acabamos luchando es con nosotros mismos. Y esto sienta el origen de nuestro mayor sufrimiento. Hasta que no nos reconciliamos con nosotros mismo, no vamos a dejar de sufrir. Nosotros somos los primeros responsables de cómo nos afecta el estrés. Porque el estrés es una respuesta que generamos nosotros. De nosotros depende aprender a cambiar la respuesta para que dejemos de sufrir. 

El tercer gran aprendizaje que logré con el Mindfulness y que cambió mi vida es que si queremos cambiar la respuesta, hemos de cambiar la pregunta. Y si no podemos cambiar la pregunta, tendremos que cambiar nuestra forma de entenderla y darle significado. En términos del día a día, esto significa que si queremos reducir nuestro nivel de estrés, o nos alejamos de la fuente de estrés, o renunciamos a tener tantas expectativas en las cosas y querer exigirnos tanto.

Si en tu caso no eres tú quien te exige, sino tu Jefa/e tu pareja, tus padres o tus hijos, tendrás que valorar entonces lo primero… Eso del alejamiento de la fuente de estrés.

Desde que comprendí esto, dejé de ver enemigos ahí fuera. Cambié lo que estaba en mis manos. Y lo que no estaba en mis posibilidades, simplemente renunciaba a las expectativas: exigiéndome menos, vivía más tranquilo.

Y así es cómo lo enseñé y acompañé a más de 500 personas en estos años entre alumnos y usuarios en distintos cursos.

Reconozco que mantenerse en este equilibrio entre aceptación y determinación no es nada fácil, y requiere en ocasiones de un acompañamiento profesional específico.

Pero cuidado. Nedie tiene la fórmula exacta y definitiva, por mucho que trate de vendértela. Por esta razón no culpes a las herramientas o los métodos que te proporcionan otros en caso de no proporcionarte los resultados esperados.

Es muy fácil caer en ese error conceptual para evitar asumir nosotros esa responsabilidad.

Por mucho que hable bien del Mindfulness, éste no es la panacea. Para saber si te puede ayudar, tendrás que probarlo primero y probarlo con varios maestros/ guías. 

Es bueno que antes valores si el Mindfulness es una herramienta adecuada por el tipo de estrés que  tienes y si éste te pude ayudar, y durante cuánto tiempo.

Valorar esto primero, puede ahorrarte mucho dinero y tiempo, así como la frustración por no ver los resultados esperados a la hora de intentarlo.

¿Quieres conocer si el Mindfulness te puede ayudar?

¿Te gustaría saber que otras alternativas pueden ser más eficaces para gestionar tu estrés?

Haz click en este enlace y tendrás ACCESO GRATUITO a un tutorial de un ejercicio de tan solo 15 minutos de duración. https://roberto-70536.gr8.com/

Espero te ayude. 

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El Estrés es Sexy

19/11/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Emociones, MIndfulness, Principios del Mindfulness | , , ,

Este post puede representar una continuación del anterior sobre las insidias que esconde la emoción de la Alegría. Y en efecto lo es.

Hay una relación directa entre emociones y estrés, ya que cualquiera de ellas puede provocar un incremento del arousal de activación nerviosa y derivar en estrés.

Pero no es lo mismo el estrés provocado por el elevado nivel de activación de la tristeza, que el del enfado, del miedo o de la alegría.

Si todos podemos más o menos experimentar el malestar provocado por una elevada activación de emociones como el enfado, la tristeza o el miedo, ¿qué es lo que nos sucede cuando el nivel de estrés proviene de emociones como la alegría?

Muy probablemente experimentemos una acumulación adictiva de deseo a sumar y seguir sin parar. “Un atracón emocional” que, mientras lo vivimos, disfrutamos de ello sin cuestionarnos como resultará nuestra digestión posterior. En efecto es algo parecido a una indigestión provocada por nuestros más deseados alimentos y platos preferidos: muchas veces los comemos más allá de la saciedad y, pese al disfrute, no paramos en tomar consciencia de si ello será beneficioso o perjudicial para nuestra salud. Y la gran mayoría de las veces  se trata más bien de lo segundo, no por el tipo de alimento, sino por la cantidad de la ingesta. Por esta razón es importante tener claro  y ser más conscientes de cuando estamos cerca de la saciedad y parar, tanto en lo hábitos alimenticios como en cualquier actividad que emprendamos y nos guste realizar nuestra vida.

En definitiva hay un tipo de estrés que se presenta bajo un semblante sexy y seductor, y que nos consume y nos agota mientras disfrutamos de ello. Es el estrés que experimentamos cuando hacemos algo que nos gusta mucho o cuando las cosas nos van bien en general: cuando estamos “en racha” y trabajamos para mantenernos “en la cresta de la ola”.

En ese momento podemos caer en la falacia de pensar que mantenernos en esa cresta surfeando depende de nosotros y que hemos de hacer más muchas cosas para que eso se sostenga: pero en ello perdemos de vista otros aspectos tan prioritarios o importantes en nuestra vida como puede ser la familia, los seres queridos, otras facetas de nuestro negocio o actividad profesional, o simplemente nuestra propia salud por descuidar la manera en la que comemos, dormimos o descansamos y nos alimentamos en esos momentos.

Es muy fácil tomar una determinación para cambiar esa inercia cuando las cosas nos van mal y “sufrimos” el estrés provocado por emociones como la tristeza, el enfado o el miedo: pero, ¿cómo se puede parar esta inercia cuando sentimos que es tan positiva y motivadora para nosotros, pese al desgaste silencioso que produce?

La práctica formal de la atención plena nos ayuda a “drenar” ese exceso de entusiasmo, aunque al principio cuesta: el cuerpo no quiere estar parado, la mente no para de producir ideas que nos seducen y nos mueven a actuar, bajo una incontinencia imparable. Incluso puede ocurrir que acabemos pensando que el parar y salirse momentáneamente de ese flujo, nos hará perder esa ola y que todo se desvanecerá  como por efecto de magia.

Cuando todo esto nos produce muchos impedimentos para la práctica formal, es bueno acompañar las sesiones formales con la adquisición de herramientas conceptuales y filosóficas de ayuda: puede servir a ello la lectura basada en contenidos tan propios del mindfulness como son el principio de impermanencia y volatilidad, el de gratitud, o la falacia de control.

El principio de impermanencia nos viene a recordar que las cosas no duran para siempre: ni para lo bien, ni para lo mal. Esa racha, antes o después, terminará: más vale disfrutar de ella mientras dure, con gratitud.

Agradecer el momento nos va a mantener en la humildad de considerar lo que estamos viviendo como algo especial que merece la pena celebrar y disfrutar, en lugar de afanarse por lo que deseamos que siga permaneciendo en el futuro. Es más, no es la primera vez que aun manteniéndose lo bueno, nuestros hábitos se acostumbran a ello y dejan de verlo como tal, normalizándolo con el tiempo. La gratitud nos ayudará a seguir poniendo en valor lo que tenemos sin por ello desgastarnos en derrochar energías y forzar las situaciones para que se mantengan artificiosamente.

Y la falacia de control nos viene a recordar  que por mucho que tratemos de controlar los acontecimientos, hay factores y variables accidentales que no dominamos o cuyo intento de dominio puede provocar más bien fricciones y conflictos en lugar de traer armonía y fluidez a nuestras vidas: no es la primera vez que el intento de control de algo positivo y deseado acabe siendo causa justo de lo contrario.

En conclusión, no te preocupes de lo que no puedas controlar, disfruta del momento y construye sobre ello un futuro estando abierto a cabalgar de ola en ola, apreciando las diferentes sensaciones que te proporcionan, sin apegarte necesariamente a una y sin tratar de que se mantenga indefinidamente.

Si el estrés puede ser sexy, la serenidad, la gratitud y la apertura al cambio, también pueden serlo.

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¿Tienes El Síndrome De La Tarea Sucesiva? – Una de las Mayores Fuentes de Estrés

20/05/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness, Psicología, Recursos Humanos | , , ,

Tras estar coqueteando durante un periodo más o menos largo de estrés y tratar de gestionarlo a través de la consciencia plena (Mindfulness), me di cuenta de que una de las principales causas de estrés es lo que llamo “Síndrome de la tarea sucesiva”.

ObstaculosReconozco que en mi caso este síndrome es mi principal fuente de estrés y lo que actualmente está viéndome implicado en su abordaje y resolución, no sin dificultades, ya que he descubierto que su origen se instala una pauta mental o hábito poco saludable, muy incrustado en mis automatismos e idiosincrasias diarias, desde al menos 15 años.

¿Qué es el síndrome de la tarea sucesiva?

Es un cuadro de estrés y malestar que surge mientras una persona realiza una tarea, dentro de una sucesión de tareas en las que otorga más importancia y trascendencia a la tarea sucesiva en lugar de la que está realizando en ese momento: por ejemplo, conducir para ir a una reunión; cambiar el pañal de su propio hijo en el medio de la final de copa de su equipo; atender una consulta por teléfono que hace un tercero, con un e-mail pendiente de enviar a una persona de la que dependen decisiones de mayor incumbencia; comer para luego irse de paseo con la persona querida; cargar una lavadora en el intermedio publicitario de una película que nos tiene “enganchados”, etc. No tiene porque ser la tarea más trascendente para los beneficios efectivos de la persona, sino aquella a la que la persona suele otorgar más importancia y mayor carga emocional o preocupación, independientemente de los beneficios que pueda extraer ella.

¿Qué efectos tiene?

Básicamente el efecto más común es el de no permitirnos disfrutar de lo que estamos haciendo porque acabamos siendo presas de las preocupaciones por la tarea sucesiva: todo lo que se nos pone entre medias se convierte en algo poco agradable, privo de significado, o incluso un estorbo, un contratiempo, con toda la frustración que conlleva. Presas de este síndrome acabamos por perder progresivamente la capacidad de disfrutar de lo que hacemos y de las pequeñas cosas que dan sabor a la vida por estar constante y compulsivamente preocupados por la tarea que va a venir.

¿A quién afecta?

A todos en distintas partes de la vida, aunque reconozco que las personas más perjudicadas son aquellas con alta tendencia a trabajar por objetivos, muy obcecadas en la gestión el tiempo, que trabajan con listas de tareas a las que no ponen límite, que establecen prioridades y que todo ello lo hacen con altas dosis de ambición, auto-exigencia y perfeccionismo.

¿Cómo les afecta?

La tarea sucesiva a realizar y la carga emocional que supone se presentan en forma de pensamientos intrusivos durante la realización de otras actividades previas, funcionando como anticipaciones y generando una necesidad imperiosa de “acabar cuanto antes” y hacer las cosas con prisa para disponerse a realizar la tarea siguiente que les preocupa.

¿Qué se puede hacer con ello?

La atención plena (mindfulness) permite tomar mucha consciencia de los momentos en los que acabamos siendo presas de esa tendencia. Pero tomar consciencia en si mismo no sirve de mucho si esa consciencia no se usa para mejorar o producir cambios efectivos orientados al bienestar. Esos cambios tienen que ver con trabajar sobre las expectativas y la actitud de auto-disciplina personal. Practicar meditación y atención a la respiración ayuda porque mejora el entrenamiento, pero no basta por sí mismo.

La clave consiste en tratar de re-dirigir el proceso hacia una tendencia al “fluir”. Para ello es muy útil apartarse momentáneamente y periódicamente de las tareas y rutinas diarias y disponerse a hacer algo nuevo y distinto.

Pero lo más efectivo es practicar la posibilidad de renuncia y el desapego de nuestras mismas expectativas. No se trata de asumir una actitud conformista ante la vida, sino de pensar en términos de “desprendimiento de exigencias” en lugar de “acumulación o maximización de beneficios”: es decir, en lugar de pensar en términos de logros acumulativos, pensar en términos de renuncias satisfactorias. Al fin y al cabo, todo logro implica siempre un precio que tenemos que pagar para conseguirlo: y ese precio se paga en términos de cosas a las que renunciamos para obtener ese logro; lo mismo ocurre cuando compramos algo: renunciamos al poseer cierto dinero con el fin de obtener otro bien a cambio.

Pensar en lo que estoy dispuesto a pagar hoy en lugar del logro que quiero maximizar, nos ayuda a tomar una dimensión más realista de nuestras posibilidades tal y como pasa cuando vamos a comprar algo: no compramos nunca lo que queremos, sino lo que estamos dispuestos o podemos pagar para tenerlo.

De esta manera es mucho más fácil redimensionar nuestras expectativas y asumir una actitud más acorde con nuestras posibilidades: soñar grandes resultados y luego frustrarse por no lograrlo, es muy fácil, pero demasiado caro en ocasiones.

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