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Como reconocer la Atención Plena de Otras Prácticas

23/10/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness | , , , ,

Las 5 anclas de Calidad de la Práctica de la Atención Plena

La atención plena es una práctica que, formal o informalmente, puede aplicarse a muchas actividades humanas: de un baile a un paseo; del conducir al comer; de escuchar una música a hacer el amor; de contemplar un paisaje a dialogar con una persona; y como es obvio, también el meditar en determinadas posturas e intenciones.

Por su característica de adherir a todo tipo entorno y situación, se puede llegar a considerar “mindfulness” casi cualquier actividad, lo cual puede llevar a no saber diferenciar en determinadas ocasiones si estamos practicando atención plena o no: si lo estamos practicando adecuadamente y, sobre todo, si lo que nos están proponiendo como atención plena es realmente un ejercicio de mindfulness.

¿Cómo reconocer si una práctica es mindfulness o no?

Para ello hay que fijarse en lo que llamamos las 5 anclas de calidad en la práctica en la atención plena. Todo tipo de actividad, formal o informal, en el supuesto de cumplir con estos cinco requisitos, puede considerarse a todos los efectos un ejercicio de atención plena:

  1. Lentitud
  2. Foco
  3. Atención en Información Sensorial
  4. Exclusividad y Secuencialidad
  5. No Prescripción

Lentitud: todo ejercicio de atención plena tiene que permitir que tanto el cuerpo como la mente ralenticen su velocidad. Todo lo que va rápido no nos permite captar detalles y prestar atención en profundidad a lo que sucede: para hacer un símil, imaginemos pasear por un camino al lado de una carretera, caminando a velocidad normal. Podríamos prestar atención a los detalles del suelo, del paisaje, los pájaros, los fajos de hierbas que ondulan con el aire. Ahora imaginemos ir en coche por la carretera al lado de ese camino, a una velocidad de 120kms/h. Esa velocidad no nos permitiría captar los mismos objetos. Esos detalles desaparecerían de nuestro campo perceptivo. La atención plena ha de permitirnos ir suficientemente despacio para abrir nuestro campo perceptivo a centrar nuestra atención en los pequeños detalles, como en los grandes aspectos.

Foco: todo ejercicio de mindfulness ha de focalizar nuestro campo perceptivo en un objeto, actividad o campo. Es como si contemplando un panorama, decidiéramos ponerle a una parte del mismo, el marco de un cuadro. Seguiremos mirando dentro de ese marco, delimitando nuestra atención en todo el campo perceptivo que entra dentro del mismo. Esa intención la llamamos foco. Un ejercicio que no determina un foco de atención previo a la práctica, con la intención de no modificarlo a lo largo de la misma, no puede considerarse un ejercicio de mindfulness. Del mismo modo podremos considerar la calidad de nuestra práctica valorando si a lo largo de la misma nuestra atención se ha mantenido en ese marco o se ha desviado del mismo.

Atención a la Información sensorial: el hecho de que decidamos cual es el foco de atención, no ha de limitarnos a la hora de poner todos los sentidos en ese objeto de atención. Volviendo al ejemplo de ponerle un marco a un paisaje para su contemplación, esto no nos tiene que impedir abrir nuestro campo perceptivo, viendo, escuchando, saboreando, sintiendo en la piel y en el cuerpo y olfateando todo tipo de información que nos propone la experiencia en el momento en el que estemos prestando atención al contenido de ese marco. Una práctica en la que no estemos tomando consciencia de la información que reciben nuestros sentidos, no puede considerarse a todos los efectos como una práctica de atención plena de calidad: podrá ser un ejercicio de concentración, pero no un ejercicio de atención plena.

Exclusividad y Secuencialidad: toda experiencia de atención plena ha de centrar la atención en un único punto con carácter exclusivo. En la eventualidad de que la experiencia implicara aspectos o acciones complejas, como puede ser una conversación, comer una comida entera, o el conducir,  el concepto de secuencialidad sustituye al de exclusividad, entendiéndose ésta como la realización de una acción tras otra, de manera secuencial. La exclusividad y la secuencialidad son conceptos que se contraponen a la simultaneidad y la multitarea. Con la simultaneidad y la multitarea sucede algo parecido que con la velocidad: no nos permiten captar en profundidad los detalles de las experiencias que vivimos. Cuando hacemos dos o más actividades a la vez, nuestra atención se dispersa ya que nuestra mente no puede enfocar dos puntos de atención con el mismo foco e intensidad, tal como una cámara no puede enfocar cerca y lejos a la vez. Una práctica de atención plena de calidad nos llevará a evitar la multitarea y la simultaneidad con otras actividades.

No prescripción: las prácticas de atención plena han de permitir a la mente captar la información de manera natural, y darse cuenta de los procesos tal como surgen, sin prescribir determinadas actitudes o maneras de sentir o valorar la experiencia. Del mismo modo que han de dejar a la persona libre de captar detalles de la experiencia sin inducir tener ciertos pensamientos o provocar ciertos estados de ánimo, decirle a una persona lo que ha de sentir  o cómo ha de sentirse, enfocar determinados detalles, o cultivar determinados valores éticos o morales. Tampoco han de estimular la imaginación o el prestar atención a determinadas sensaciones que a lo mejor una persona por sí misma no está captando. Toda práctica semejante puede considerarse más bien una visualización, un trance hipnótico o una sugestión, pero no un ejercicio de atención plena – mindfulness.

La próxima vez que alguien te propone un ejercicio o realices una práctica de atención plena y quieres saber si eso que estás haciendo es realmente mindfulness, así como si es mindfulness de calidad, puedes preguntarte:

  • ¿Lo estoy haciendo suficientemente lento?
  • ¿Está mi mente centrada en lo que estoy haciendo?
  • ¿Puedo reconocer la información que están recibiendo mis 5 sentidos (cada uno)?
  • ¿Estoy dedicándome exclusivamente a esa tarea o realizando una tarea a la vez?
  • ¿Tiene mi atención la libertad de dirigirse hacia lo que sucede (foco de atención) sin que ni yo ni otras personas ajenas, la dirijan intencionadamente hacia algún punto?

Si puedes contestar afirmativamente a estas cinco preguntas, entonces estarás practicando atención plena de calidad.

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