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El Estrés es Sexy

19/11/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | Emociones, MIndfulness, Principios del Mindfulness | , , ,

Este post puede representar una continuación del anterior sobre las insidias que esconde la emoción de la Alegría. Y en efecto lo es.

Hay una relación directa entre emociones y estrés, ya que cualquiera de ellas puede provocar un incremento del arousal de activación nerviosa y derivar en estrés.

Pero no es lo mismo el estrés provocado por el elevado nivel de activación de la tristeza, que el del enfado, del miedo o de la alegría.

Si todos podemos más o menos experimentar el malestar provocado por una elevada activación de emociones como el enfado, la tristeza o el miedo, ¿qué es lo que nos sucede cuando el nivel de estrés proviene de emociones como la alegría?

Muy probablemente experimentemos una acumulación adictiva de deseo a sumar y seguir sin parar. “Un atracón emocional” que, mientras lo vivimos, disfrutamos de ello sin cuestionarnos como resultará nuestra digestión posterior. En efecto es algo parecido a una indigestión provocada por nuestros más deseados alimentos y platos preferidos: muchas veces los comemos más allá de la saciedad y, pese al disfrute, no paramos en tomar consciencia de si ello será beneficioso o perjudicial para nuestra salud. Y la gran mayoría de las veces  se trata más bien de lo segundo, no por el tipo de alimento, sino por la cantidad de la ingesta. Por esta razón es importante tener claro  y ser más conscientes de cuando estamos cerca de la saciedad y parar, tanto en lo hábitos alimenticios como en cualquier actividad que emprendamos y nos guste realizar nuestra vida.

En definitiva hay un tipo de estrés que se presenta bajo un semblante sexy y seductor, y que nos consume y nos agota mientras disfrutamos de ello. Es el estrés que experimentamos cuando hacemos algo que nos gusta mucho o cuando las cosas nos van bien en general: cuando estamos “en racha” y trabajamos para mantenernos “en la cresta de la ola”.

En ese momento podemos caer en la falacia de pensar que mantenernos en esa cresta surfeando depende de nosotros y que hemos de hacer más muchas cosas para que eso se sostenga: pero en ello perdemos de vista otros aspectos tan prioritarios o importantes en nuestra vida como puede ser la familia, los seres queridos, otras facetas de nuestro negocio o actividad profesional, o simplemente nuestra propia salud por descuidar la manera en la que comemos, dormimos o descansamos y nos alimentamos en esos momentos.

Es muy fácil tomar una determinación para cambiar esa inercia cuando las cosas nos van mal y “sufrimos” el estrés provocado por emociones como la tristeza, el enfado o el miedo: pero, ¿cómo se puede parar esta inercia cuando sentimos que es tan positiva y motivadora para nosotros, pese al desgaste silencioso que produce?

La práctica formal de la atención plena nos ayuda a “drenar” ese exceso de entusiasmo, aunque al principio cuesta: el cuerpo no quiere estar parado, la mente no para de producir ideas que nos seducen y nos mueven a actuar, bajo una incontinencia imparable. Incluso puede ocurrir que acabemos pensando que el parar y salirse momentáneamente de ese flujo, nos hará perder esa ola y que todo se desvanecerá  como por efecto de magia.

Cuando todo esto nos produce muchos impedimentos para la práctica formal, es bueno acompañar las sesiones formales con la adquisición de herramientas conceptuales y filosóficas de ayuda: puede servir a ello la lectura basada en contenidos tan propios del mindfulness como son el principio de impermanencia y volatilidad, el de gratitud, o la falacia de control.

El principio de impermanencia nos viene a recordar que las cosas no duran para siempre: ni para lo bien, ni para lo mal. Esa racha, antes o después, terminará: más vale disfrutar de ella mientras dure, con gratitud.

Agradecer el momento nos va a mantener en la humildad de considerar lo que estamos viviendo como algo especial que merece la pena celebrar y disfrutar, en lugar de afanarse por lo que deseamos que siga permaneciendo en el futuro. Es más, no es la primera vez que aun manteniéndose lo bueno, nuestros hábitos se acostumbran a ello y dejan de verlo como tal, normalizándolo con el tiempo. La gratitud nos ayudará a seguir poniendo en valor lo que tenemos sin por ello desgastarnos en derrochar energías y forzar las situaciones para que se mantengan artificiosamente.

Y la falacia de control nos viene a recordar  que por mucho que tratemos de controlar los acontecimientos, hay factores y variables accidentales que no dominamos o cuyo intento de dominio puede provocar más bien fricciones y conflictos en lugar de traer armonía y fluidez a nuestras vidas: no es la primera vez que el intento de control de algo positivo y deseado acabe siendo causa justo de lo contrario.

En conclusión, no te preocupes de lo que no puedas controlar, disfruta del momento y construye sobre ello un futuro estando abierto a cabalgar de ola en ola, apreciando las diferentes sensaciones que te proporcionan, sin apegarte necesariamente a una y sin tratar de que se mantenga indefinidamente.

Si el estrés puede ser sexy, la serenidad, la gratitud y la apertura al cambio, también pueden serlo.

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Como reconocer la Atención Plena de Otras Prácticas

23/10/2018 |by Roberto Crobu | 0 Comments | MIndfulness, Principios del Mindfulness | , , , ,

Las 5 anclas de Calidad de la Práctica de la Atención Plena

La atención plena es una práctica que, formal o informalmente, puede aplicarse a muchas actividades humanas: de un baile a un paseo; del conducir al comer; de escuchar una música a hacer el amor; de contemplar un paisaje a dialogar con una persona; y como es obvio, también el meditar en determinadas posturas e intenciones.

Por su característica de adherir a todo tipo entorno y situación, se puede llegar a considerar “mindfulness” casi cualquier actividad, lo cual puede llevar a no saber diferenciar en determinadas ocasiones si estamos practicando atención plena o no: si lo estamos practicando adecuadamente y, sobre todo, si lo que nos están proponiendo como atención plena es realmente un ejercicio de mindfulness.

¿Cómo reconocer si una práctica es mindfulness o no?

Para ello hay que fijarse en lo que llamamos las 5 anclas de calidad en la práctica en la atención plena. Todo tipo de actividad, formal o informal, en el supuesto de cumplir con estos cinco requisitos, puede considerarse a todos los efectos un ejercicio de atención plena:

  1. Lentitud
  2. Foco
  3. Atención en Información Sensorial
  4. Exclusividad y Secuencialidad
  5. No Prescripción

Lentitud: todo ejercicio de atención plena tiene que permitir que tanto el cuerpo como la mente ralenticen su velocidad. Todo lo que va rápido no nos permite captar detalles y prestar atención en profundidad a lo que sucede: para hacer un símil, imaginemos pasear por un camino al lado de una carretera, caminando a velocidad normal. Podríamos prestar atención a los detalles del suelo, del paisaje, los pájaros, los fajos de hierbas que ondulan con el aire. Ahora imaginemos ir en coche por la carretera al lado de ese camino, a una velocidad de 120kms/h. Esa velocidad no nos permitiría captar los mismos objetos. Esos detalles desaparecerían de nuestro campo perceptivo. La atención plena ha de permitirnos ir suficientemente despacio para abrir nuestro campo perceptivo a centrar nuestra atención en los pequeños detalles, como en los grandes aspectos.

Foco: todo ejercicio de mindfulness ha de focalizar nuestro campo perceptivo en un objeto, actividad o campo. Es como si contemplando un panorama, decidiéramos ponerle a una parte del mismo, el marco de un cuadro. Seguiremos mirando dentro de ese marco, delimitando nuestra atención en todo el campo perceptivo que entra dentro del mismo. Esa intención la llamamos foco. Un ejercicio que no determina un foco de atención previo a la práctica, con la intención de no modificarlo a lo largo de la misma, no puede considerarse un ejercicio de mindfulness. Del mismo modo podremos considerar la calidad de nuestra práctica valorando si a lo largo de la misma nuestra atención se ha mantenido en ese marco o se ha desviado del mismo.

Atención a la Información sensorial: el hecho de que decidamos cual es el foco de atención, no ha de limitarnos a la hora de poner todos los sentidos en ese objeto de atención. Volviendo al ejemplo de ponerle un marco a un paisaje para su contemplación, esto no nos tiene que impedir abrir nuestro campo perceptivo, viendo, escuchando, saboreando, sintiendo en la piel y en el cuerpo y olfateando todo tipo de información que nos propone la experiencia en el momento en el que estemos prestando atención al contenido de ese marco. Una práctica en la que no estemos tomando consciencia de la información que reciben nuestros sentidos, no puede considerarse a todos los efectos como una práctica de atención plena de calidad: podrá ser un ejercicio de concentración, pero no un ejercicio de atención plena.

Exclusividad y Secuencialidad: toda experiencia de atención plena ha de centrar la atención en un único punto con carácter exclusivo. En la eventualidad de que la experiencia implicara aspectos o acciones complejas, como puede ser una conversación, comer una comida entera, o el conducir,  el concepto de secuencialidad sustituye al de exclusividad, entendiéndose ésta como la realización de una acción tras otra, de manera secuencial. La exclusividad y la secuencialidad son conceptos que se contraponen a la simultaneidad y la multitarea. Con la simultaneidad y la multitarea sucede algo parecido que con la velocidad: no nos permiten captar en profundidad los detalles de las experiencias que vivimos. Cuando hacemos dos o más actividades a la vez, nuestra atención se dispersa ya que nuestra mente no puede enfocar dos puntos de atención con el mismo foco e intensidad, tal como una cámara no puede enfocar cerca y lejos a la vez. Una práctica de atención plena de calidad nos llevará a evitar la multitarea y la simultaneidad con otras actividades.

No prescripción: las prácticas de atención plena han de permitir a la mente captar la información de manera natural, y darse cuenta de los procesos tal como surgen, sin prescribir determinadas actitudes o maneras de sentir o valorar la experiencia. Del mismo modo que han de dejar a la persona libre de captar detalles de la experiencia sin inducir tener ciertos pensamientos o provocar ciertos estados de ánimo, decirle a una persona lo que ha de sentir  o cómo ha de sentirse, enfocar determinados detalles, o cultivar determinados valores éticos o morales. Tampoco han de estimular la imaginación o el prestar atención a determinadas sensaciones que a lo mejor una persona por sí misma no está captando. Toda práctica semejante puede considerarse más bien una visualización, un trance hipnótico o una sugestión, pero no un ejercicio de atención plena – mindfulness.

La próxima vez que alguien te propone un ejercicio o realices una práctica de atención plena y quieres saber si eso que estás haciendo es realmente mindfulness, así como si es mindfulness de calidad, puedes preguntarte:

  • ¿Lo estoy haciendo suficientemente lento?
  • ¿Está mi mente centrada en lo que estoy haciendo?
  • ¿Puedo reconocer la información que están recibiendo mis 5 sentidos (cada uno)?
  • ¿Estoy dedicándome exclusivamente a esa tarea o realizando una tarea a la vez?
  • ¿Tiene mi atención la libertad de dirigirse hacia lo que sucede (foco de atención) sin que ni yo ni otras personas ajenas, la dirijan intencionadamente hacia algún punto?

Si puedes contestar afirmativamente a estas cinco preguntas, entonces estarás practicando atención plena de calidad.

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