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APLICACIONES PRÁCTICAS DE LA MEDITACIÓN “MINDFULNESS”: BENEFICIOS Y LÍMITES

15/04/2018 |by 75e3b9658b | 0 Comments | Aprendizaje y Entrenamiento, MIndfulness | , ,

Muchos se preguntan cual es la diferencia ente Mindfulness y Meditación.

Si bien la Meditación cubre un amplio espectro de prácticas (tibetanas, taositas, hinduistas, vipassana, zen, etc.) con intenciones más o menos prescriptivas, que pretenden ubicar a la persona en ciertos estados emocionales y mentales (el perdón, el amor incondicional, la gratitud, el presente), el Mindfulness reúne solo el conjunto de técnicas y enfoques de meditación orientados a centrar la persona en el presente y gestionar sus focos de atención para que permanezcan el “aquí y ahora”.

En el mindfulness se trata de entrenar el primer de los tres niveles del Samadhi, es decir la estabilización de la mente.

Estabilizar es un elemento fundamental para una adecuada higiene mental y no tiene que ver con el mito de la “mente en blanco”.

De hecho, la práctica de la meditación mindfulness requiere una actitud presente pero retraída, de observador que tiene su atención abierta y centrada en sus pensamientos.

No se trata de “No pensar” en nada, sino de tomar consciencia de a dónde se dirigen nuestros pensamientos.

Este proceso, gestionado desde la posición de “observadores” en una sesión de entre 15 minutos y media hora al día, nos permite conocer a fondo que es lo que nos preocupa: lo que nuestros pensamientos nos proponen será señal de que su contenido por alguna razón está implicando, en nosotros, algún tipo de proceso cognitivo y emocional interno.

Pero tomar consciencia de un proceso no sirve de nada si no se hace algo con él. Lo importante es entonces conocer las implicaciones de ese proceso, sus orígenes, los efectos y las consecuencias que trae para nuestra existencia seguir funcionando desde ese enfoque, así como nuestro posicionamiento ante ello, es decir nuestra actitud.

Por esta razón yo siempre aconsejo dos tandas de meditación: una para tomar consciencia de los pensamientos más recurrentes y otra  para centrar nuestra atención en un pensamiento de ellos y conocer a fondo los procesos mentales  y emocionales implicados.

Aún así, conocer que parte de nosotros está implicada en ese proceso tampoco sirve de algo si luego no se usa esa toma de consciencia para aportar modificaciones y cambios en nuestras pautas y enfoques con el fin de asumir una posición diferente.

Este es un aspecto fundamental ya que meditar por meditar no aporta mucho a una persona, salvo en ocasiones cierto sosiego por el mero hecho de lograr estabilizar la mente o calmarnos por alejarnos de alguna fuente de estrés.

De por sí estos beneficios son poco estables y duraderos si no se aprovecha la toma de consciencia para cambiar la pauta y actitud de afrontamiento de la realidad que nos provoca malestar.

Cambiar la pauta de pensamiento ya no es cuestión de practicar mindfulness o meditación, sino de cambiar hábitos y estructuras mentales. Este proceso requiere una labor psicológica muy precisa y planeada que marca el final de la intervención con mindfulness para entrar en otro tipo de intervenciones que requieren una cualificación psicológica y terapéutica concreta.

Si bien el Mindfulness puede representar una herramienta de apoyo muy valiosa en todo proceso de desarrollo personal, no es recomendable usarse como sustituto o alternativa a tratamientos convencionales.

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Vivir el Presente No Significa Exigir la Inmediatez

18/03/2018 |by 75e3b9658b | 0 Comments | Aprendizaje y Entrenamiento | ,

Vivir el presente está de moda. Tanto hincapié en el mindfulness y tantas frases esclarecedoras por la redes sociales están contribuyendo a una consciencia general orientada a valorar y apreciar el presente.

Pero con cada vez mayor frecuencia me encuentro con personas que tergiversan eso de vivir el presente y lo convierten en el extremo más exacerbado del motu epicúreo y edónico del Carpe Diem.

Cierto es que es recomendable disfrutar del momento, siempre y cuando esta actitud no se convierta en un actuar sin tener en cuenta las consecuencias de una conducta o siempre y cuando no se convierta en una obsesión compulsiva por la inmediatez.

reloj-inmediatoVivir el presente, desde el enfoque mindful otorga otra dimensión al Carpe Diem que no tiene tanto que ver hacer lo posible para que uno haga cosas que le plazcan, sino con hacer lo posible para encontrar el lado positivo y agradable de lo que se esté haciendo o esté sucediendo: no tiene que ver con tratar de manipular la realidad de acuerdo a lo que uno desea, sino con ser capaces de cambiar y manipular la propia actitud para sacar provecho de la realidad que a uno le ha tocado vivir.

Sin embargo vivimos inmersos en un mundo cuyos cambios con cada vez más rápidos y abruptos: la tecnología de la información nos ha permitido llegar, a diez años de la presentación del primer Smartphone, a tener el mundo a distancia de un click. Somos la sociedad digital, no solamente por eso del cero y uno, sino también por el hecho de que con un digito, con un click, con un dedo, podemos gobernar un mundo prevalentemente constituido por información.

Nos estamos acostumbrando a la inmediatez con una facilidad que a nuestra mente le cuesta cada vez más entender como ciertas decisiones o soluciones a problemas tarden horas en llegar. Nos estamos acostumbrando a llevar varias conversaciones a la vez por watsapp que cuando volvemos al mundo analógico, de la conversación cara a cara, nos cuesta esperar a que dos personas terminen para poder hablar nosotros, y el tiempo de espera nos parece interminable.

Si bien la inmediatez ha entrado a formar parte de nuestras decisiones con tanta facilidad, hay cuestiones que no dependen de nosotros y que tardan en cambiar, dilatando el presente durante muchas horas o días, o incluso meses.

Pero el presente no está reñido con la inmediatez. El presente puede dilatarse en el tiempo, la inmediatez no. Pensar en el presente no tiene que implicar la expectativa de  que aquello que esté sucediendo en ese presente deje de suceder o cambie.

Muchas personas acuden a mi a que les enseñe a practicar mindfulness, pero se exigen que su aprendizaje sea inmediato, que la práctica resulte placentera de inmediato: se exigen resultados inmediatos en el presente, que requieren que ese presente madure y se desarrolle. El presente necesita del tiempo para suceder, la inmediatez no  entiende de tiempo de espera. El presente se alimenta del tiempo y lo necesita, la inmediatez trata de eliminar ese tiempo.

Esas personas normalmente acaban desistiendo, en muchas ocasiones frustrados porque lo que se “vende por ahí” son imágenes y frases muy agradables y placenteras asociadas a esta práctica. Frases que resumen estados disposicionales y emocionales que no logran alcanzar con tres o cuatro sesiones donde la simple postura meditativa acaba convirtiéndose en un suplicio.

Todo esto nos devuelve una importante evidencia: el presente es un proceso que hay que vivir y experimentar, más que un estado agradable si o si, en el que uno desea estar. El presente simplemente sucede, y si una persona tiene sentidos desarrollados y disposición para prestar atención a ciertos matices de ese presente captará esos detalles.

Esta cuestión no es inherente solo al mindfulness, sino a toda actividad que para lograr ciertos estados o resultados requiere de un cierto entrenamiento, bien sea tocar el piano, pintar un paisaje en  un lienzo, conducir una moto, ir en patines, ir a caballo, nadar, correr o simplemente dar un paseo o tener una conversación agradable con una persona querida.

Pero hay que estar dispuestos a atravesar aquello que cada uno lleva dentro y su propia y necesaria torpeza del principiante e ir más allá de lo inmediato para lograr apreciar esos momentos: y la impaciencia es el peor compañero de viaje, siempre, independientemente de la disciplina o actividad que una persona decida practicar.

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